organizaciones comunitarias

Tienda La Pallamay: identidad y trabajo colectivo

La Pallamay es una experiencia colectiva que reúne a mujeres emprendedoras comprometidas con la construcción de alternativas económicas basadas en la cooperación, la solidaridad y el trabajo en red. A través de su tienda colectiva y de diversas iniciativas de comercialización y formación, la organización impulsa espacios que fortalecen la economía social y solidaria, promoviendo el desarrollo de capacidades, la autonomía económica y la participación comunitaria. Acompañado por el Fondo de Pequeños Proyectos de CREAS, la iniciativa “La Pallamay: Construcción de Identidad y Valor Colectivo en la Tienda y la Feria Educativa” busca fortalecer tanto los espacios de venta impulsados por la organización, como las capacidades organizativas, los vínculos comunitarios y el sentido de pertenencia que sostienen esta experiencia colectiva desde hace más de una década. La Pallamay está integrada por mujeres emprendedoras, en su mayoría egresadas o integrantes de la comunidad educativa del Centro de Formación Profesional N.° 406 de Quilmes – Isabel Pallamay (que toma su nombre de Isabel Pallamay, líder indígena reconocida como la primera mujer en acceder al cacicazgo dentro de cualquier nación indígena sudamericana). Sus producciones abarcan una amplia diversidad de rubros, entre ellos Textiles Marroquinería Juguetes Cosmética natural Gráfica y servicios de comunicación. Para muchas de las integrantes de La Pallamay, sus emprendimientos representan una fuente fundamental de ingresos y una herramienta para mejorar la economía de sus hogares. En un contexto de profunda crisis económica y con la caída del consumo, la economía social y solidaria enfrenta desafíos para que sus emprendimientos sean sostenibles. Fortalecer los canales de comercialización, las capacidades de gestión y las redes se vuelve clave para mantener estos procesos en el tiempo. Más que comercialización   Actualmente, la organización gestiona una tienda colectiva que funciona como espacio de comercialización, encuentro y aprendizaje compartido. Allí, las emprendedoras organizan de manera colaborativa la atención del local, la exhibición de productos y las tareas de gestión, fortaleciendo prácticas de cooperación y construcción colectiva. Sin embargo, el proyecto busca ir más allá de la comercialización. Uno de sus principales aportes consiste en generar un proceso de reflexión y fortalecimiento organizacional que permita consolidar una identidad colectiva común, reafirmando valores vinculados a la solidaridad, la reciprocidad, la democracia participativa y el trabajo en red. “La posibilidad de detenerse a reflexionar sobre lo que se viene haciendo, lo que se quiere transformar y los caminos a seguir constituyen en sí misma una herramienta de fortalecimiento organizacional”, dicen desde la organización.   Formación y articulación en red   El proyecto también busca fortalecer las capacidades comerciales de La Pallamay mediante el desarrollo de materiales de comunicación, mejoras en los espacios de venta y la reactivación de la Feria Educativa de Economía Social y Solidaria, una iniciativa que dio origen al colectivo y que históricamente funcionó como espacio de encuentro entre emprendimientos, organizaciones e instituciones educativas. La recuperación de este espacio permitirá ampliar la visibilización de los productos, generar nuevas oportunidades de comercialización y fortalecer los vínculos con la comunidad. Además, la feria se proyecta como un ámbito abierto para la participación de otras organizaciones de la economía social y solidaria, promoviendo el intercambio de saberes, la cooperación y el trabajo en red. Otro aspecto clave del proyecto es su dimensión formativa y comunicacional. Con el acompañamiento de la Incubadora Universitaria en Diseño y Comunicación de la Universidad Nacional de Quilmes y de la Cooperativa de Comunicación Tramas, las participantes fortalecerán capacidades en herramientas digitales, comunicación, diseño e identidad organizacional. A través de espacios de formación y trabajo participativo, se desarrollarán recursos que permitan visibilizar mejor la experiencia de La Pallamay, comunicar sus valores y consolidar una identidad colectiva compartida. Entre las acciones se incluyen la elaboración de un manual de marca y el diseño de herramientas de comunicación orientadas a fortalecer el sentido de pertenencia, la proyección institucional y el posicionamiento de la organización. Estas acciones buscan fortalecer capacidades que trascienden el proyecto puntual y que podrán seguir siendo utilizadas por las emprendedoras en el desarrollo de sus iniciativas productivas y comerciales. Más allá de los resultados económicos, el proyecto apuesta a consolidar espacios donde la producción, la educación y la comunidad se articulen desde una perspectiva basada en la cooperación y la sostenibilidad. En este sentido, la tienda colectiva y la feria son también lugares de encuentro, aprendizaje y construcción de ciudadanía. A través de este proceso, La Pallamay continúa fortaleciendo una experiencia colectiva que demuestra el potencial de la economía social y solidaria para generar oportunidades, ampliar derechos y construir alternativas sostenibles desde los territorios.  

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El camino de Yarará hacia la sostenibilidad

La Cooperativa de Trabajo 26 de Junio nació a partir de la organización comunitaria y vecinal en barrios populares, con el objetivo de generar oportunidades laborales para personas excluidas del mercado formal. Desde sus inicios, el trabajo colectivo y el oficio de la costura se convirtieron en herramientas esenciales para construir alternativas económicas y comunitarias en contextos atravesados por la desigualdad. El taller textil funciona en Villa Itatí, Quilmes, uno de los barrios populares más grandes del conurbano bonaerense, donde miles de familias enfrentan cotidianamente dificultades vinculadas al empleo, las condiciones de vida y el acceso a servicios básicos. En este escenario, la cooperativa se fue consolidando como un espacio de labor, cuidado y construcción social. La mayoría de sus integrantes son mujeres, muchas de ellas jefas de hogar que sostienen económicamente a sus familias, por lo que ocupan un lugar central en las tareas operativas, la organización diaria, la planificación y los procesos de formación de los que hacen parte, sea enseñando a sus compañeras o recibiendo conocimientos que les hacen falta. A través de distintos programas públicos orientados al desarrollo del trabajo y la economía social, la 26 de Junio adquirió sus primeras máquinas y conformó el grupo inicial de confección. Los primeros encargos fueron arreglos de ropa para vecinos de la zona, para luego avanzar hacia procesos de mayor escala, como la fabricación de guardapolvos y pintorcitos para organismos públicos nacionales y provinciales. Sin embargo, el desmantelamiento de diversas políticas públicas dirigidas al sector cooperativo comenzaron a impactar fuertemente en la viabilidad del espacio. La reducción de pedidos institucionales, la crisis general y la apertura de importaciones profundizaron las dificultades para mantener los ingresos y garantizar la estabilidad laboral. Frente a este escenario, y a través de dos proyectos apoyados por el Fondo de Pequeños Proyectos de CREAS, la organización dio impulso a un proceso de revitalización productiva y organizativa del taller y de su marca Yarará, buscando construir mejores condiciones de autonomía y sustentabilidad. El primer proyecto tuvo como propósito fortalecer el área de fabricación y comercialización del taller para mejorar las condiciones de vida de sus integrantes y de la comunidad. Desde la cooperativa destacan que este proceso fue clave para comenzar a proyectar la viabilidad del espacio, afianzando la dinámica interna y las ventas. Uno de los principales logros fue la reactivación de una producción autónoma, disminuyendo la dependencia de los programas públicos que durante años sostuvieron gran parte de la actividad. Este paso permitió planificar líneas de trabajo propias, definir metas comunes y reorganizar tareas y responsabilidades dentro del espacio. Durante esta etapa se confeccionaron artículos específicos como guardapolvos escolares, remeras conmemorativas y prendas con estampas vinculadas a motivos argentinos. Toda la producción fue distribuida a través de canales propios y comercializadoras solidarias. Fue precisamente en esta fase donde nació el nombre Yarará, fruto de una labor de comunicación y marketing que las trabajadoras realizaron en conjunto con asesores de la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ). Mediante este proceso, además de definir la identidad de la marca, crearon colectivamente su logotipo y activaron las redes sociales. Además de los avances técnicos, la organización destaca transformaciones importantes en términos organizativos. Los espacios de formación y encuentro afianzaron el compromiso de las integrantes, generaron un mayor sentido de pertenencia y permitieron construir respuestas colectivas frente a las problemáticas cotidianas que atraviesan la vida de las integrantes y sus familias. Como continuidad de este camino surgió el segundo proyecto, titulado “Construyendo sostenibilidad”, diseñado como una nueva etapa para profundizar y consolidar los avances alcanzados previamente. El objetivo de esta segunda iniciativa es contribuir al sostenimiento de la marca Yarará y del taller mediante el afianzamiento de las condiciones operativas y organizacionales. Si bien durante los primeros años se logró mejorar la capacidad técnica y administrativa, además de instalar la marca, la cooperativa identificó la necesidad de seguir trabajando sobre ejes estratégicos para sostener el crecimiento. Entre los principales desafíos actuales aparecen la planificación de colecciones por temporada, la optimización de los mecanismos de control de calidad, el fortalecimiento de roles y funciones internas, y el desarrollo de estrategias de venta adaptadas a las necesidades de las propias trabajadoras. En ambos proyectos, el acompañamiento de la Universidad Nacional de Quilmes ha resultado fundamental. La institución colabora en instancias de asistencia técnica, talleres de formación, estrategias de comercialización y posicionamiento de marca, además de facilitar el ingreso de Yarará a CHASQUI, una plataforma virtual de venta para emprendimientos de la economía social. Asimismo, la articulación con la Unión de Trabajadores y Trabajadoras de la Economía Popular (UTEP) y su Federación Textil permitió ampliar las redes de trabajo, acceder a nuevos pedidos y dar mayor visibilidad a la experiencia cooperativa. Actualmente, la Yarará continúa apostando por consolidar un modelo de gestión autogestionado y comunitario, en un contexto económico complejo que impacta especialmente sobre las mujeres trabajadoras y las experiencias de la economía popular.

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Capacitación, trabajo digno y fortalecimiento comunitario

La cooperativa Mujeres Solidarias nació en Rosario, Argentina, en 2002 como respuesta organizada y asociativa de quince mujeres de frente a los efectos socio económicos que la crisis de 2001 había dejado en la comunidad del barrio Larrea. Desde entonces la cooperativa promueve iniciativas que apunten a mejorar la calidad de vida de la población, y que creen vínculos comunitarios de solidaridad y participación social. Este año con el apoyo del Fondo Pequeños Proyectos de CREAS, Mujeres Solidarias llevó adelante un proyecto de formación que buscó dar respuesta a la precarización laboral y la falta de empleo registrado que afecta a un gran número de vecinos y vecinas de la comunidad. La propuesta tuvo como objetivo brindar oportunidades laborales y promover la autonomía económica de las familias, fortaleciendo a su vez la economía social del barrio. De acuerdo con Laura Sisto y Susana Olive, quienes coordinan el espacio, este proyecto nace en un contexto similar al de 2001 “sin embargo esta crisis nos agarra a nosotras organizadas, eso nos facilita los procesos frente a esa época en la que recién nos estábamos formando, ahora contamos con un espacio físico que nos da estabilidad y proyección a largo plazo, además de todo el conocimiento que hemos adquirido en estos años”. La cooperativa ya ofrecía cursos de capacitación en distintos rubros como corte y confección, moldería, cuidado de niños y niñas y gestión administrativa para cooperativas, y con esta iniciativa se proyectaron a ofrecer formación en panificados y pastelería, un taller que la comunidad demandaba desde hace unos años. “Para nosotras era un desafío arrancar con el taller de pastelería, no sabíamos mucho del tema y no contábamos con el espacio adecuado para hacerlo, pero las chicas lo anhelaban. Este proyecto apoyado por CREAS, fue una oportunidad. Algunas mujeres le tienen miedo a la máquina de coser, en cambio amasar es natural” contó Laura. Los talleres   Los talleres, organizados bajo la lógica de “aprender haciendo”, ofrecieron capacitaciones en manipulación de alimentos, normas de higiene y seguridad, manejo de maquinaria industrial, técnicas de producción en alta escala, elaboración de masas, panificación, pastelería, costos y marketing, además de instancias de presentación de productos, construcción de redes asociativas y trabajo en equipo. La planificación se ajustó en función de los productos más demandados por las alumnas y sus posibles clientes, potenciando así las oportunidades de comercialización. “El taller superó nuestras expectativas, la mayor distinción para nosotras es que las personas quieran seguir viniendo y enfrentar nuevos desafíos. Llegaron más personas de las que esperábamos, se fue corriendo la voz en el barrio y pudimos recibirlas y capacitar a todas las que llegaban” Laura Sisto. Además de la capacitación, desde Mujeres Solidarias valoran lo que pasó con las personas que participaron de los talleres “Son personas que vienen de situaciones de marginalidad y maltrato, siempre a la defensiva y muy combativas. A través del saber pudieron modificar su conducta. El afecto del entorno que reciben acá las hace superarse, comprenderse y acompañarse en las dificultades con los vínculos familiares” contó Susana. “Alimentando nuestro futuro y tejiendo redes en comunidad”   Los resultados del proyecto fueron exitosos: 34 personas se formaron y hoy, gracias a los saberes adquiridos, han mejorado su empleabilidad, se crearon emprendimientos familiares autogestivos y que generan ingresos propios. De este proceso surgieron tres emprendimientos de pastelería y panificación que funcionan de manera asociativa, consolidando una alternativa real de trabajo digno en la comunidad. Quienes se capacitaron en este primer taller serán quienes formen a los próximos grupos en panadería y pastelería. Además de los logros individuales y colectivos, el proyecto significó un fortalecimiento institucional para la cooperativa como centro de capacitación barrial. Se incorporaron nuevas herramientas y equipamiento, como una mesa de acero inoxidable y hornos industriales, que permiten mejorar la calidad de la formación y ampliar la capacidad productiva. Contar con un espacio dedicado exclusivamente a la cocina para panificación y personas formadas en el tema, representa un avance clave para sostener y expandir las actividades. Desde CREAS, apoyamos a iniciativas con impacto en la economía de las personas y en las comunidades, la sustentabilidad de las organizaciones territoriales, y como una contribución al desarrollo local y a la convivencia comunitaria. Desde nuestra identidad de organización basada en la fe, contribuimos así a la dignificación de la vida en las comunidades.

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Taller de evaluación de proyectos comunitarios

CREAS llevó adelante el Taller de Evaluación de Proyectos Comunitarios, que se desarrolló en dos instancias complementarias. La primera, de carácter virtual e introductoria, se realizó el pasado 7 de agosto y tuvo una duración de dos horas. La segunda fue presencial y tuvo lugar el 13 de agosto en la Casa de Encuentros Sagrado Corazón. El taller estuvo a cargo de Rosaura Andiñach, coordinadora del Fondo de Pequeños Proyectos, y Deborah Petcoff, coordinadora de Procesos Comunitarios, y contó con la participación de nueve organizaciones comunitarias, cooperativas e iglesias del Gran Buenos Aires. El objetivo principal fue fortalecer las capacidades de las organizaciones mediante herramientas de gestión y acompañar la implementación de sus proyectos a través de una propuesta de formación en evaluación diseñada para pequeños proyectos de organizaciones que abordan problemáticas comunitarias. Esta iniciativa se enmarca en la estrategia de intervención de CREAS con las organizaciones e iglesias, que combina tres componentes: apoyo económico, instancias de capacitación y espacios de articulación e intercambio. El Fondo de Pequeños Proyectos, además de ser un mecanismo de apoyo financiero, busca fortalecer a las organizaciones mediante capacitaciones y encuentros que fomenten el trabajo en red y el intercambio de experiencias. “Las organizaciones comunitarias desarrollan todos los días un montón de actividades para la atención y cuidado de las personas que asisten a ellas. Con pocos recursos económicos y personal diezmado siguen organizándose para llevar a sus barrios alguna propuesta que promueva los derechos vulnerados de la población que los rodea. Consideramos la evaluación como una parte esencial del proyecto, pero que muchas veces no queda el tiempo suficiente para realizarla, y se hace rápido, sin mucha planificación. Buscamos dar herramientas para que esa evaluación se pueda planificar con más detalle durante la formulación del proyecto. Planificarla de antemano permite hacer un monitoreo más preciso, y recolectar datos con anticipación, para que el momento de la evaluación sea más llevadero y concreto. Una mejor evaluación de los proyectos le permitirá a las organizaciones mejorar sus programas, aprender de sus acciones y diseñar nuevas propuestas basadas en evidencia”. Deborah Petcoff, Coordinadora de Procesos Comunitarios

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Campo Desde el Pie: trabajo cooperativo y soberanía alimentaria

“Campo desde el pie” es un pequeño emprendimiento que nació de una necesidad concreta: evitar el desperdicio de alimentos. En el predio del mismo nombre, ubicado en Villa San Luis, Florencio Varela , el grupo “Campillo”, parte del Frente de Organizaciones en Lucha -FOL-,lleva adelante la siembra y venta de frutas y verduras agroecológicas. Sin embargo, la producción superaba ampliamente la demanda. Donaron a comedores, regalaron productos, pero aún así el excedente persistía. Frente a esto, surgió una solución creativa: elaborar berenjenas al escabeche. Luego vinieron los tomates, con los que prepararon mermeladas, y así, con cada nuevo fruto, nacía una conserva o mermelada más, que hoy forma parte del catálogo de productos del emprendimiento. “Nos entusiasmamos, dijimos esto va, nos sale rico, es alimento. Lo interiorizamos, estábamos sin laburo o con laburos precarios y empezamos a aprender, a hacer distintos cursos para poder llevarlo adelante” Cintia Galiñanes, referente de Campo desde el Pie Además de la producción agroecológica, el predio cuenta con una pequeña producción apícola y avícola, integradas bajo una lógica cooperativa que apuesta a consolidar una unidad productiva diversificada, con potencial de crecimiento y sostenibilidad. “Como grupo estamos aprendiendo muchas cosas sobre soberanía alimentaria y producción ecológica, que sea amigable con el medio ambiente y con nosotros mismos. Son desafíos que tenemos constantemente. Las seis personas que integramos este grupo venimos de producir en la ciudad y estamos aprendiendo a vivir en y del campo.” Cintia Galiñanes Campo desde el Pie busca generar fuentes de empleo sustentables y de calidad, promoviendo al mismo tiempo hábitos alimentarios saludables. Gracias al apoyo del Fondo de Pequeños Proyectos de CREAS, el grupo pudo remodelar la cocina y convertirla en un espacio adecuado para la elaboración de conservas y mermeladas. También pudieron adquirir utensilios e insumos que optimizan y hacen más segura la producción. El proyecto incluyó además la compra de los elementos necesarios para avanzar con la producción apícola, permitiendo poner en práctica los conocimientos adquiridos en el curso “Mi primera colmena”, realizado por integrantes del equipo. Con esta incorporación, podrán comenzar a cosechar miel para su comercialización, y utilizar la cera producida por las abejas para elaborar paños de cera, una alternativa ecológica al papel film. “Si bien la producción apícola todavía no genera ingresos porque los tiempos de la naturaleza son distintos, requiere un año o año y medio de inversión de trabajo, gracias al apoyo de CREAS podemos quedarnos tranquilos de que tenemos lo necesario para producir de acuerdo a los tiempos que demanda la naturaleza. Ahora no es nuestro principal ingreso, pero tenemos la expectativa de que lo sea en el futuro.” Cintia El Fondo de Pequeños Proyectos apoya iniciativas como Campo desde el Pie, que integran economía popular, soberanía alimentaria y organización comunitaria, promoviendo redes locales que fortalecen a las comunidades y abren nuevas posibilidades para una vida digna.

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Florecer, fortaleciendo capacidades para el bienestar colectivo

Desde hace más de 30 años, la Asociación Civil Florecer acompaña a la comunidad del barrio Sol y Verde en José C Paz, provincia de Buenos Aires, con propuestas integrales que promueven el desarrollo de sus capacidades y el fortalecimiento comunitario. La asociación cuenta con el Centro Comunitario San Francisco y el Centro recreativo, cultural y polideportivo Todxs Juntxs. Allí, de lunes a sábado se desarrollan actividades como apoyo escolar, talleres de costura y computación, artes, deportes, fútbol callejero y juegos para niños, niñas y adolescentes. El complejo panorama socioeconómico actual ha puesto en riesgo la subsistencia de las familias del barrio y la continuidad de las organizaciones comunitarias. En este contexto, Florecer apostó a una nueva estrategia para generar ingresos genuinos que beneficien a las mujeres del barrio y a Florecer. Con esto en mente, presentaron al Fondo de Pequeños Proyectos la propuesta “Cocinando estrategias” Celebraciones en el Poli   Los recursos de Florecer y del Polideportivo Todxs Juntxs se unieron para generar la idea de alquilar el espacio para cumpleaños infantiles y eventos familiares, que incluye servicios de gastronomía, decoración, animación y más, ofrecidos por mujeres del barrio. Con el apoyo del FPP, el proyecto Cocinando Estrategias llevó adelante talleres de capacitación para mujeres y el acondicionamiento del espacio físico del Polideportivo para dejarlo apto para celebraciones. Quienes quieran festejar su cumpleaños o tener algún otro tipo de evento podrán hacerlo en Florecer por un precio accesible, cuyas ganancias serán destinadas al mantenimiento y fortalecimiento del Centro Comunitario. Algunos de los cambios que lograron en el espacio físico: Ampliación del salón y cocina, y pintura nueva. Equipamiento básico de cocina: horno pizzero, heladera, freezer, amasadora, sobadora y utensilios. Nivelar y marcar la cancha de fútbol para los talleres de este deporte. Mejorar algunos de los murales que ya estaban en el centro comunitario. Plantar árboles frutales que en un futuro servirán para demarcar un sendero. Si bien hasta ahora sólo han celebrado eventos internos del Centro Comunitario, con el tiempo y la transmisión voz a voz en el barrio, el Polideportivo de Florecer será un lugar de referencia para quienes quieren realizar eventos en Sol y Verde. De esta manera el Centro Comunitario podrá sostenerse y seguir acompañando a las familias del barrio. Capacitación y acompañamiento   Los objetivos de Cocinando estrategias son ofrecer servicios para eventos y fomentar la creación de emprendimientos que puedan generar ingresos para las mujeres, y de esta manera fortalecer su independencia económica. Durante seis meses, un grupo de diez mujeres, muchas de ellas madres de los chicos que asisten al centro comunitario, recibieron capacitación en panificados y en comercialización. Lo que en un principio era sólo un taller para aprender a amasar y hornear, se convirtió en un espacio de contención y acompañamiento para las mujeres, “el único espacio que muchas tienen solo para ellas” como lo cuenta la profesora Belén, tallerista de panificados y fútbol callejero en Florecer. Al darse cuenta de esto, Belén, decidió dar un tiempo al inicio de la clase para que cada una pueda expresarse, contar lo que les ha pasado y “relajar, estar, y dejar todo afuera antes de empezar con las recetas”. “Algunas mujeres querían aprender para poder trabajar de los panificados, venderlos en la feria. Fue un golpe saber que no lo podían hacer en sus casas porque no tienen su espacio, sea porque está el esposo o con los hijos, y acá encontraron ese espacio” dice Belén y aclara que Florecer no sólo les dio la capacitación sino que actualmente, la cocina, el horno y los utensilios están abiertos para quienes quieran usarlos para sus pequeños emprendimientos. Hoy hay mujeres que van a la cocina de Florecer a producir panificados sea para vender o como productos para consumo familiar, lo que significa un ingreso o un ahorro en su economía. Una apuesta comunitaria   A través del fortalecimiento de capacidades, la generación de ingresos y la creación de redes de colaboración, esta iniciativa busca responder creativa y de manera comunitaria a la crisis. El Fondo de Pequeños Proyectos es una de nuestras herramientas para apoyar proyectos comunitarios en los que organizaciones como Florecer se consolidan internamente mientras impulsan acciones que promueven mejores condiciones de vida para las personas en las comunidades donde están presentes.

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El Meren: una radio para transformar el barrio

El club solidario “El Meren” es, desde hace más de quince años, un espacio de cuidado, contención y participación comunitaria para los habitantes del barrio Sol y Verde, ubicado en José C Paz, una localidad ubicada al oeste del Gran Buenos Aires. El club nació como un merendero, consolidándose como un punto de referencia para la comunidad que encuentra allí un lugar para compartir, formarse y ser escuchada. El meren cuenta con un espacio de contención y cuidado para infancias, actividades recreativas para niños, jóvenes y familias, y talleres lúdicos y de oficios para adultos. Además, grupos de acompañamiento al fortalecimiento de mujeres, de personas en situación de consumos problemáticos de sustancias, y de familiares y amigos que acompañan esta problemática. Este año, con el apoyo del Fondo de Pequeños Proyectos, el club solidario El Meren sumó a sus espacios una radio comunitaria, con la que promueven la participación de jóvenes y adultos del barrio para visibilizar las problemáticas que los atraviesan y generar redes de cuidado en comunidad. “La salida es comunitaria”   El Meren nació bajo el lema “La salida es comunitaria”. Ese espíritu solidario, que se reforzó durante la pandemia y se sigue haciendo fuerte en momentos de crisis, hoy impulsa nuevos proyectos pensados desde las necesidades concretas de la comunidad. Uno de los desafíos más profundos que enfrenta el barrio es el consumo problemático de sustancias, que afecta especialmente a adolescentes y jóvenes, pero también atraviesa a las familias en su conjunto. Frente a este contexto, surgió la propuesta de crear una radio comunitaria como un espacio de prevención, diálogo y formación. La idea no fue solo generar un medio de comunicación, sino construir un nuevo ámbito donde se puedan expresar voces que habitualmente no encuentran espacios, donde las personas puedan formarse y donde la comunidad pueda hablarle a la comunidad. Un proceso que fortalece vínculos   La radio comenzó a gestarse con la articulación de El Meren junto a la FM Tinkunako, una radio comunitaria con 25 años de trayectoria, que nació en el Centro Comunitario Belén, en el barrio San Atilio, también en José C Paz. Con su acompañamiento realizaron talleres de formación en radio e iniciación a la programación radial en los que participaron 30 personas de la comunidad. El meren tiene, también, un vínculo cercano con Vientos de Libertad- organización que trabaja por la recuperación de personas que atraviesan consumos problemáticos-, algunas de estas personas hacen su tratamiento ambulatorio en el club solidario. Varios de ellos están ahora al frente de proyectos radiales en Vientos del Sur y participaron de una jornada de intercambio en la radio comunitaria. Durante esta actividad, salieron al aire entrevistas entre quienes se ven atravesados por la problemática del consumo de sustancias psicoactivas. Una radio para la comunidad   El proyecto de radio no sólo apunta a brindar información o entretenimiento. Se trata de un espacio pensado desde la prevención y la salud comunitaria, con una mirada integral del bienestar, en el que es bienvenida cualquier persona que desee formar parte de este espacio. Para el festejo de su aniversario, el Club Solidario El Merendero realizó una actividad abierta en el barrio, donde se presentó la radio comunitaria y se invitó a participar a vecinos y personas de barrio Sol y Verde y alrededores. El proyecto de la radio, es también una apuesta a la formación para el empleo, ya que brinda herramientas técnicas y habilidades en comunicación que pueden ser una puerta de entrada al mundo laboral. Proyectar el futuro   Además de los talleres de formación, con el apoyo del FPP, El meren acondicionó un espacio dentro del club exclusivo para el estudio de radio, que planean seguir transformando para poder salir también vía streaming. El acondicionamiento de este espacio físico y tener un primer programa armado y al aire, permite darle continuidad al proyecto y facilitar la producción de contenidos en vivo, consolidando un espacio propio, y generando mayor apropiación y pertenencia por parte de quienes lo integran. Con la radio, El Meren reafirma su compromiso de construir comunidad desde el cuidado mutuo, la participación y el derecho a la palabra.

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La tiendita migrante: un espacio de integración y sustentabilidad para emprendedores migrantes

El Bloque de Trabajadores Migrantes – BTM- nació en 2017 como respuesta a una modificación de la Ley Nacional de Migraciones que permitía expulsar en 72 horas a cualquier persona migrante por condenas no firmes. Se unieron, entonces, organizaciones y colectividades de migrantes de distintos países y como iniciativa del Bloque lanzaron la campaña Migrar no es delito. El Bloque creció y empezaron a dar asesorías legales en distintos barrios de Buenos Aires, y a la fecha continúan su trabajo en articulación con otras organizaciones civiles y estatales para la defensa de los derechos de las personas migrantes. La Tiendita migrante: su historia   La Tiendita Migrante es una iniciativa que nació en 2020 en el contexto del confinamiento por la pandemia de Covid-19. Surgió como una respuesta a la urgente necesidad de generar ingresos para los migrantes. Muchos de ellos, principalmente vendedores ambulantes senegaleses, se vieron imposibilitados de trabajar en la vía pública debido a las restricciones sanitarias. Lo que comenzó como la venta de “Kits Antirracistas” compuestos por remeras, barbijos y alcohol en gel se transformó en lo que hoy es la tiendita. Con el levantamiento de las restricciones por la pandemia, los vendedores y muchos trabajadores volvieron a las calles. La tiendita estuvo en pausa hasta el año pasado. En 2024, en un nuevo contexto político y económico, los artesanos integrantes del BTM respondieron a la necesidad de generar más ingresos y vieron en el espacio del Bloque una oportunidad. La tiendita 2.0   La tiendita evolucionó. Ahora es en un espacio multifacético donde ocho emprendedores de diferentes nacionalidades, incluyendo Colombia, Venezuela, Bolivia, México y Chile pueden comercializar una diversidad de productos; desde artesanías y joyería, hasta cosmética natural y cerámicas. La tienda 2.0 como la llaman quienes la integran, nació de exponer sus productos en una mesa recuperada de calle y en cajones de madera. Todo esto en el local del Bloque de Trabajadores Migrantes, ubicado en el barrio Monserrat en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. “La tienda mutó. Siempre nos pasa eso, como que una cosa que en principio pensamos para solucionar un tema, al final nos termina ayudando a resolver otros. Lo importante es no perder esas herramientas y seguir alimentándolas”. Corina Rojo, mexicana, Coordinadora Comisión Socio-productiva BTM La tiendita y la Economía Social y Solidaria   Con el nuevo modelo de negocio nació también la comisión socio productiva. Un área en donde impulsan proyectos productivos de trabajo como Tiendita Migrante. Esta comisión fue la encargada de presentar este año al Fondo de Pequeños Proyectos de CREAS la propuesta para mejorar la tiendita. El proyecto tiene como objetivo proporcionar un espacio físico adecuado para la organización y desarrollo de la economía social de los migrantes, así como fortalecer la infraestructura y los recursos necesarios para que los emprendedores puedan exhibir y vender sus productos de manera digna y sostenible. Con la adquisición de mesas, gazebos, y equipos de serigrafía y estampado, la Tiendita Migrante no solo mejora su capacidad operativa, sino que también crea un fondo común que garantiza la continuidad del proyecto. Además de las ventas en el local, la Tiendita Migrante se expande a través de ferias al aire libre y ventas a través de redes sociales, lo que permite ampliar el margen de comercialización y participar en espacios que fomentan la difusión de los emprendedores migrantes. Esta estrategia de comercialización se articula con otras organizaciones de la economía social y solidaria del Gran Buenos Aires, creando redes de intercambio y circulación. “La idea es apoyarnos un poco en nuestro trabajo, darnos a conocer. Yo al ser artesana siempre, como que a veces tenía un poco la idea que los migrantes que no vienen a estudiar o a hacer alguna carrera profesional, o vienen a limpiar casas o a hacer trabajo de albañilería. Hay toda una rama de migrantes que se dedican al arte, que es muy grande y no hay apoyo en ningún lado. Y esto es un poco el apoyo que nosotros les brindamos, que puedan exhibir sus trabajos, poder tener alguna calidad laboral que obviamente no le soluciona la vida a nadie, pero es el principio de algo” Corina Rojo, mexicana, Coordinadora Comisión Socio-productiva BTM Serigrafía para difundir ideas   Con el apoyo de CREAS, el BTM compró implementos para hacer serigrafía. De ahí nació también una nueva comisión. Esta nueva comisión de serigrafía se encarga de brindar talleres de esta técnica en el espacio del bloque a las personas que la quieran aprender. Además, se une con la comisión territorial. Esta comisión funciona bajo un esquema de consultoría en el que los miércoles y viernes puede acercarse al espacio del BTM cualquier persona que tenga un problema que la afecte como migrante. El objetivo es facilitar a las personas migrantes el acceso a sus derechos. También hacen jornadas de estas consultorías en los barrios con más población migrante con algún grado de vulnerabilidad como la villa 1-11-14. “Esto también es una herramienta de difusión de ideas que tenemos, combinar esa parte territorial con la serigrafía. Empezar a hacer intervenciones callejeras, a posicionarnos como un sujeto político, y hacer eso visible también, enviar mensajes en la calle. Venimos también a eso, a aprender en el taller, como tener un medio de producción, pero también una herramienta para aprender algo que también pueda ser después una salida para nosotros, para sostener el espacio, y que nos permita comunicar cosas” Daniela, colombiana, integrante de la Comisión territorial El Fondo de Pequeños Proyectos es una de nuestras herramientas para apoyar iniciativas como la del Bloque de Trabajadores Migrantes, en las que las organizaciones se fortalecen internamente al mismo tiempo que trabajan por generar oportunidades que garanticen una mejor calidad de vida a las personas en las comunidades de las que forman parte.

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La Fundación Multipolar y su compromiso con las personas en situación de calle, una propuesta de inclusión social

La Fundación Multipolar es una organización comprometida con mejorar la vida de personas en situación de vulnerabilidad extrema. Desde su creación, ha trabajado en la implementación de programas que promueven la inclusión social y laboral de aquellos que se encuentran en situación de calle o en riesgo de quedar sin hogar en Buenos Aires. Es un espacio de contención, socialización y aprendizaje. Dado el contexto económico y social actual en Argentina, la situación de vulnerabilidad se ha profundizado. Para las personas en situación de calle buscar trabajo siempre es un gran desafío, pero ahora lo urgente es poder alimentarse, por eso algunos buscan un trabajo para sostenerse y mejorar su vida, pero sin resultados dada la actual situación del país. Este año, para hacerle frente a la situación, con el apoyo del Fondo de Respuesta Rápida de CREAS, Multipolar puso en marcha el proyecto Betsaida. Betsaida tiene como objetivo generar oportunidades de empleo y sensibilizar al sector privado sobre la situación de esta población; abordar de manera integral los desafíos a los que se enfrentan las personas en situación de calle, con el propósito de construir un sistema que facilite la seguridad alimentaria de esta población. Para esto, la Fundación Multipolar se propone sensibilizar a 27 empresas del Área Metropolitana de Buenos Aires sobre la problemática de las personas en situación de calle. Generar ingresos para 35 participantes de sus programas de inclusión laboral mediante un sistema de producción y venta de productos para sustentar la compra de alimentos en el Centro de Formación para el Trabajo de su sede de San Martín, provincia de Buenos Aires; y asegurar que 120 personas sin techo puedan recibir alimentos de calidad. El proyecto busca intervenir en varias áreas al mismo tiempo, con la esperanza de generar efectos positivos en distintos aspectos de la vida de los usuarios del programa, como los llaman desde Multipolar. Estos aspectos incluyen: La problemática alimentaria: asegurar los alimentos es una prioridad para Multipolar. Muchas de las personas que participan en sus programas de formación para el empleo están en una situación tan precaria que no pueden pensar en nada más que en su próxima comida, lo que disminuye su capacidad para adquirir nuevas habilidades. La movilización del sector privado: la fundación busca involucrar a empresas de la Ciudad de Buenos Aires y el Gran Buenos Aires, en sus iniciativas, tanto a través de la sensibilización como mediante la venta de productos y servicios para financiar sus programas. La sustentabilidad del programa: para garantizar que el apoyo alimentario no se interrumpa por falta de recursos, Multipolar ha diseñado un sistema de generación de ingresos a través de la venta de productos y servicios, aprovechando su red de contactos en el sector privado. Multipolar ya fabrica regalos que compran empresas del sector privado además de la entrega de frutas, snacks saludables, y agasajos para días festivos producidos por personas que participan de sus programas de inclusión social y laboral. Con el proyecto Betsaida también quieren identificar nuevos productos y oportunidades que sirvan para ampliar la oferta y las posibilidades laborales para los usuarios. Este modelo genera ingresos para los usuarios y la fundación, a la vez que proporciona una ocupación digna y significativa, permitiéndoles integrarse en la sociedad de manera más efectiva. Como Centro Regional Ecuménico de Asesoría y Servicio a través de nuestro Fondo de Respuesta Rápida y Mitigación de los Efectos de la Pandemia, buscamos aportar a proyectos como Betsaida que respondan de manera eficaz a las necesidades de las personas en situación de vulnerabilidad. Seguimos conversando en redes sociales: Facebook: @CreasLAC Instagram: @Creaslac LinkedIn: CREAS – Centro Regional Ecuménico de Asesoría y Servicio Twitter: @CreasLAC

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La construcción del Barrio Norita Cortiñas y el poder de la unión en tiempos de crisis

El barrio Norita Cortiñas se encuentra en la localidad de Guernica, al sur del Gran Buenos Aires. Su existencia es un ejemplo concreto e inspirador de organización social para la garantía de derechos y la vida digna. Desde 2020, sesenta familias han atravesado un intenso proceso de recomposición social, sorteando los duros efectos de la pandemia por COVID-19 que hasta hoy amenaza sus derechos básicos, incluso el derecho a una vivienda. En tiempos difíciles es la unión la que hace la fuerza y para estas familias ha sido la oportunidad de ser escuchadas y protegidas en un contexto que las invisibilizaba. En el futuro, será también mantenerse unidas y organizadas el desafío que podrá garantizar el éxito de su proyecto de construcción barrial, que desde ya está realizándose con amor y empeño. El barrio Norita Cortiñas es uno de los proyectos que estamos apoyando este año con el Fondo de Respuesta Rápida y Mitigación de los Efectos de la Pandemia. Más adelante lo contamos. El contexto Los estragos causados por el Covid y el Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio (ASPO) decretado por el Gobierno Nacional incluyeron, no solo la afectación de salud de la población en sus efectos inmediatos, sino una enorme cantidad de rezagos que se sumaron unos con otros. Muchas personas perdieron sus trabajos y fuentes de ingresos y no pudieron seguir pagando el alquiler de sus viviendas, por lo cual se vieron obligadas a convivir con familiares y amistades hasta que la situación se hizo insostenible y se vieron obligadas a buscar opciones más radicales para garantizarse un techo. Fue este el caso de dos mil familias en la localidad de Guernica, al sur del Gran Buenos Aires, que decidieron ocupar tierras para resolver esta situación de estricta supervivencia. Por supuesto, la situación no fue nada fácil y representó una serie de enfrentamientos y escenas violentas con la policía. Este conflicto llevó varias semanas de diálogos en medio de un clima de tensión que se acentuaba con los riesgos sanitarios. En medio de la violencia, un grupo de familias se organizaron de manera autónoma para cubrir las necesidades básicas como alimentación, salud, cuidado colectivo, con lo cual organizaciones sociales, universidades y asociaciones civiles se interesaron en el proceso y empezaron a brindar acompañamiento a unos 60 grupos familiares. A pesar de los avances, a finales del año 2020 estas fueron desalojadas del terreno tomado. Este grupo de familias, con el apoyo de los varios actores intervinientes en el proceso, logró negociar una relocalización y así empezó, entonces, otro proceso de organización. En abril de 2021 conformaron la asamblea por Tierra y Vivienda Zona Sur, que más tarde sería una cooperativa y que en 2022 pasaría a ser el Barrio Comunitario Norita Cortiñas, tras el apadrinamiento del premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel y Nora Cortiñas, Madre de Plaza de Mayo Línea Fundadora. Con las orientaciones técnicas del Taller Libre Proyecto Social (dependiente de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la UBA) y de modo participativo comenzaron las principales tareas de gestión del terreno como la división de predios y las futuras conexiones eléctricas y de agua. Con el esfuerzo y acuerdo comunitario las familias se organizaron, y con el apoyo de la Organización Civil El Galpón Cultural, y otras organizaciones más lograron hacer una compra comunitaria de un terreno en el que habitarán 56 familias con posibilidades de pagos accesibles para cada una de las familias. Sumando esperanza Tras la gestión participativa del territorio y gracias a la organización del barrio por medio de asambleas, se planifica el barrio, que se proyecta para contar con espacios verdes, plazas y salones de uso comunitario. En marzo de este año solicitaron el apoyo del Fondo de Respuesta Rápida y Mitigación de Efectos de la Pandemia de CREAS para la construcción de su Salón de Usos Múltiples. No podría ser una casualidad que la primera construcción sea un Salón Comunitario. Se parte del centro, del encuentro, para continuar beneficiando el bien común. Todas las familias del barrio serán parte del proceso a través de las mingas (una palabra de origen quechua que referencia al trabajo comunitario y solidario en común entre vecinos) y el plan parte de los conocimientos que tienen unas pocas familias y que será también una oportunidad de capacitación en autoconstrucción y mantenimiento de vivienda, lo que deriva en un fortalecimiento general de capacidades colectivas e individuales. El barrio está pensado por y para las familias, con una lógica de sustentabilidad ambiental y social. La base es la organización comunitaria, la toma de decisiones, la planificación compartida y la acción colectiva. El salón será lugar de encuentro y formación que en su condición de usos múltiples servirá para otras necesidades como el almacenamiento de materiales e incluso espacio de juego para las infancias, entre otros. Una vez terminado, tendrán lugar allí las asambleas barriales que se hacen dos veces al mes en las que las familias toman decisiones sobre los avances del barrio que se está construyendo. También se espera que sea un espacio de estudio, trabajo y ocio para quienes lo necesiten y para plantear más actividades pensadas para los niños, niñas y adolescentes del barrio. Las familias del barrio trabajan con el apoyo de organizaciones como la Cooperativa de Producción Agroecológica (COPA), Casa de la Niñez y la Juventud (CNJ), Frente de Organizaciones en Lucha (FOL), Fundación Servicio Paz y Justicia (SERPAJ), Sol Lírica, Taller Libre Proyecto Social y equipo docente del Seminario “Claves Geográficas del problema habitacional Argentino” del departamento de Geografía de la Universidad de Buenos Aires (UBA), las cuales aportan su conocimiento y trayectoria para dar soluciones a problemáticas habitacionales como la conexión a servicios básicos como luz y agua, o a conflictos sociales que pueden aparecer en el proceso. “La idea es que el barrio sea distinto a lo que conocemos, que sea algo comunitario. Fue la forma que encontramos para solucionar el problema habitacional, una de las formas de salida. Si no hubiéramos hecho esto

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