Buenos Aires

Tienda La Pallamay: identidad y trabajo colectivo

La Pallamay es una experiencia colectiva que reúne a mujeres emprendedoras comprometidas con la construcción de alternativas económicas basadas en la cooperación, la solidaridad y el trabajo en red. A través de su tienda colectiva y de diversas iniciativas de comercialización y formación, la organización impulsa espacios que fortalecen la economía social y solidaria, promoviendo el desarrollo de capacidades, la autonomía económica y la participación comunitaria. Acompañado por el Fondo de Pequeños Proyectos de CREAS, la iniciativa “La Pallamay: Construcción de Identidad y Valor Colectivo en la Tienda y la Feria Educativa” busca fortalecer tanto los espacios de venta impulsados por la organización, como las capacidades organizativas, los vínculos comunitarios y el sentido de pertenencia que sostienen esta experiencia colectiva desde hace más de una década. La Pallamay está integrada por mujeres emprendedoras, en su mayoría egresadas o integrantes de la comunidad educativa del Centro de Formación Profesional N.° 406 de Quilmes – Isabel Pallamay (que toma su nombre de Isabel Pallamay, líder indígena reconocida como la primera mujer en acceder al cacicazgo dentro de cualquier nación indígena sudamericana). Sus producciones abarcan una amplia diversidad de rubros, entre ellos Textiles Marroquinería Juguetes Cosmética natural Gráfica y servicios de comunicación. Para muchas de las integrantes de La Pallamay, sus emprendimientos representan una fuente fundamental de ingresos y una herramienta para mejorar la economía de sus hogares. En un contexto de profunda crisis económica y con la caída del consumo, la economía social y solidaria enfrenta desafíos para que sus emprendimientos sean sostenibles. Fortalecer los canales de comercialización, las capacidades de gestión y las redes se vuelve clave para mantener estos procesos en el tiempo. Más que comercialización   Actualmente, la organización gestiona una tienda colectiva que funciona como espacio de comercialización, encuentro y aprendizaje compartido. Allí, las emprendedoras organizan de manera colaborativa la atención del local, la exhibición de productos y las tareas de gestión, fortaleciendo prácticas de cooperación y construcción colectiva. Sin embargo, el proyecto busca ir más allá de la comercialización. Uno de sus principales aportes consiste en generar un proceso de reflexión y fortalecimiento organizacional que permita consolidar una identidad colectiva común, reafirmando valores vinculados a la solidaridad, la reciprocidad, la democracia participativa y el trabajo en red. “La posibilidad de detenerse a reflexionar sobre lo que se viene haciendo, lo que se quiere transformar y los caminos a seguir constituyen en sí misma una herramienta de fortalecimiento organizacional”, dicen desde la organización.   Formación y articulación en red   El proyecto también busca fortalecer las capacidades comerciales de La Pallamay mediante el desarrollo de materiales de comunicación, mejoras en los espacios de venta y la reactivación de la Feria Educativa de Economía Social y Solidaria, una iniciativa que dio origen al colectivo y que históricamente funcionó como espacio de encuentro entre emprendimientos, organizaciones e instituciones educativas. La recuperación de este espacio permitirá ampliar la visibilización de los productos, generar nuevas oportunidades de comercialización y fortalecer los vínculos con la comunidad. Además, la feria se proyecta como un ámbito abierto para la participación de otras organizaciones de la economía social y solidaria, promoviendo el intercambio de saberes, la cooperación y el trabajo en red. Otro aspecto clave del proyecto es su dimensión formativa y comunicacional. Con el acompañamiento de la Incubadora Universitaria en Diseño y Comunicación de la Universidad Nacional de Quilmes y de la Cooperativa de Comunicación Tramas, las participantes fortalecerán capacidades en herramientas digitales, comunicación, diseño e identidad organizacional. A través de espacios de formación y trabajo participativo, se desarrollarán recursos que permitan visibilizar mejor la experiencia de La Pallamay, comunicar sus valores y consolidar una identidad colectiva compartida. Entre las acciones se incluyen la elaboración de un manual de marca y el diseño de herramientas de comunicación orientadas a fortalecer el sentido de pertenencia, la proyección institucional y el posicionamiento de la organización. Estas acciones buscan fortalecer capacidades que trascienden el proyecto puntual y que podrán seguir siendo utilizadas por las emprendedoras en el desarrollo de sus iniciativas productivas y comerciales. Más allá de los resultados económicos, el proyecto apuesta a consolidar espacios donde la producción, la educación y la comunidad se articulen desde una perspectiva basada en la cooperación y la sostenibilidad. En este sentido, la tienda colectiva y la feria son también lugares de encuentro, aprendizaje y construcción de ciudadanía. A través de este proceso, La Pallamay continúa fortaleciendo una experiencia colectiva que demuestra el potencial de la economía social y solidaria para generar oportunidades, ampliar derechos y construir alternativas sostenibles desde los territorios.  

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El camino de Yarará hacia la sostenibilidad

La Cooperativa de Trabajo 26 de Junio nació a partir de la organización comunitaria y vecinal en barrios populares, con el objetivo de generar oportunidades laborales para personas excluidas del mercado formal. Desde sus inicios, el trabajo colectivo y el oficio de la costura se convirtieron en herramientas esenciales para construir alternativas económicas y comunitarias en contextos atravesados por la desigualdad. El taller textil funciona en Villa Itatí, Quilmes, uno de los barrios populares más grandes del conurbano bonaerense, donde miles de familias enfrentan cotidianamente dificultades vinculadas al empleo, las condiciones de vida y el acceso a servicios básicos. En este escenario, la cooperativa se fue consolidando como un espacio de labor, cuidado y construcción social. La mayoría de sus integrantes son mujeres, muchas de ellas jefas de hogar que sostienen económicamente a sus familias, por lo que ocupan un lugar central en las tareas operativas, la organización diaria, la planificación y los procesos de formación de los que hacen parte, sea enseñando a sus compañeras o recibiendo conocimientos que les hacen falta. A través de distintos programas públicos orientados al desarrollo del trabajo y la economía social, la 26 de Junio adquirió sus primeras máquinas y conformó el grupo inicial de confección. Los primeros encargos fueron arreglos de ropa para vecinos de la zona, para luego avanzar hacia procesos de mayor escala, como la fabricación de guardapolvos y pintorcitos para organismos públicos nacionales y provinciales. Sin embargo, el desmantelamiento de diversas políticas públicas dirigidas al sector cooperativo comenzaron a impactar fuertemente en la viabilidad del espacio. La reducción de pedidos institucionales, la crisis general y la apertura de importaciones profundizaron las dificultades para mantener los ingresos y garantizar la estabilidad laboral. Frente a este escenario, y a través de dos proyectos apoyados por el Fondo de Pequeños Proyectos de CREAS, la organización dio impulso a un proceso de revitalización productiva y organizativa del taller y de su marca Yarará, buscando construir mejores condiciones de autonomía y sustentabilidad. El primer proyecto tuvo como propósito fortalecer el área de fabricación y comercialización del taller para mejorar las condiciones de vida de sus integrantes y de la comunidad. Desde la cooperativa destacan que este proceso fue clave para comenzar a proyectar la viabilidad del espacio, afianzando la dinámica interna y las ventas. Uno de los principales logros fue la reactivación de una producción autónoma, disminuyendo la dependencia de los programas públicos que durante años sostuvieron gran parte de la actividad. Este paso permitió planificar líneas de trabajo propias, definir metas comunes y reorganizar tareas y responsabilidades dentro del espacio. Durante esta etapa se confeccionaron artículos específicos como guardapolvos escolares, remeras conmemorativas y prendas con estampas vinculadas a motivos argentinos. Toda la producción fue distribuida a través de canales propios y comercializadoras solidarias. Fue precisamente en esta fase donde nació el nombre Yarará, fruto de una labor de comunicación y marketing que las trabajadoras realizaron en conjunto con asesores de la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ). Mediante este proceso, además de definir la identidad de la marca, crearon colectivamente su logotipo y activaron las redes sociales. Además de los avances técnicos, la organización destaca transformaciones importantes en términos organizativos. Los espacios de formación y encuentro afianzaron el compromiso de las integrantes, generaron un mayor sentido de pertenencia y permitieron construir respuestas colectivas frente a las problemáticas cotidianas que atraviesan la vida de las integrantes y sus familias. Como continuidad de este camino surgió el segundo proyecto, titulado “Construyendo sostenibilidad”, diseñado como una nueva etapa para profundizar y consolidar los avances alcanzados previamente. El objetivo de esta segunda iniciativa es contribuir al sostenimiento de la marca Yarará y del taller mediante el afianzamiento de las condiciones operativas y organizacionales. Si bien durante los primeros años se logró mejorar la capacidad técnica y administrativa, además de instalar la marca, la cooperativa identificó la necesidad de seguir trabajando sobre ejes estratégicos para sostener el crecimiento. Entre los principales desafíos actuales aparecen la planificación de colecciones por temporada, la optimización de los mecanismos de control de calidad, el fortalecimiento de roles y funciones internas, y el desarrollo de estrategias de venta adaptadas a las necesidades de las propias trabajadoras. En ambos proyectos, el acompañamiento de la Universidad Nacional de Quilmes ha resultado fundamental. La institución colabora en instancias de asistencia técnica, talleres de formación, estrategias de comercialización y posicionamiento de marca, además de facilitar el ingreso de Yarará a CHASQUI, una plataforma virtual de venta para emprendimientos de la economía social. Asimismo, la articulación con la Unión de Trabajadores y Trabajadoras de la Economía Popular (UTEP) y su Federación Textil permitió ampliar las redes de trabajo, acceder a nuevos pedidos y dar mayor visibilidad a la experiencia cooperativa. Actualmente, la Yarará continúa apostando por consolidar un modelo de gestión autogestionado y comunitario, en un contexto económico complejo que impacta especialmente sobre las mujeres trabajadoras y las experiencias de la economía popular.

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Mujeres que transforman: iniciativas comunitarias que aportan a la construcción de una vida digna y la paz

Marzo nos invita, una vez más, a poner en el centro la realidad de las mujeres y la necesidad de seguir construyendo condiciones para sostener la Vida en dignidad. En CREAS entendemos este compromiso como una práctica sostenida a lo largo del tiempo. A través del Fondo de Pequeños Proyectos acompañamos a organizaciones comunitarias e iglesias con iniciativas que nacen en los territorios en búsqueda de soluciones concretas que promuevan la vida en plenitud. Varias de estas iniciativas son impulsadas por mujeres que organizan, producen, enseñan, contienen y generan oportunidades en contextos atravesados por desigualdades profundas. Allí donde el acceso al trabajo digno, a la vivienda o a recursos básicos se vuelve incierto, son muchas veces ellas quienes sostienen procesos comunitarios con creatividad y perseverancia. Durante este período acompañamos iniciativas que impulsan la transformación en las comunidades: Grupo de Mujeres Dulceras – Cooperativa La Campesina (Córdoba) El proyecto fortaleció la producción colectiva de dulces artesanales, consolidando la organización interna del grupo y mejorando sus prácticas productivas. Aun en un contexto de crisis económica y caída del consumo, las mujeres sostuvieron el emprendimiento y proyectan avanzar en infraestructura y certificaciones para ampliar su comercialización. Más que Puntadas – EPEBA (Buenos Aires) Espacio textil comunitario que permitió a mujeres del barrio desarrollar nuevas habilidades técnicas, innovar en terminaciones y participar en ferias locales. El proceso continúa en implementación, con el desafío de consolidar una marca propia que genere ingresos sostenibles y mayor autonomía económica. “Cocinando Estrategias I” – Delicias Jazmín (Buenos Aires) A partir de capacitaciones en panificados, repostería y comercialización, se conformó un emprendimiento productivo integrado actualmente por cinco mujeres. Más allá de la formación técnica, el proyecto fortaleció el trabajo grupal, la toma de decisiones colectivas y la generación de ingresos en un contexto adverso. Conectando Emprendimientos – Fundación Suyai (Pilar, Córdoba) La iniciativa brindó formación en alfabetización digital, marketing y oficios, permitiendo que mujeres y jóvenes adquieran herramientas concretas para la gestión de emprendimientos y generación de ingresos. Como proyección, la organización impulsa la creación de un Punto Digital Comunitario que dé continuidad al proceso. Hilando Historias – Abrigar Derechos Asociación Civil (CABA) Actualmente en etapa de implementación, el proyecto promueve la capacitación textil para mujeres y diversidades en situación de calle o en riesgo de estarlo. Se espera que el proceso derive en la conformación de una unidad productiva que fortalezca la autonomía económica, las redes de cuidado y la reconstrucción de trayectorias de vida. Estos procesos reafirman que cuando las mujeres acceden a recursos, formación y acompañamiento, se fortalecen sus proyectos de vida, se dinamizan economías locales, y se construyen redes comunitarias. Cada iniciativa acompañada es una apuesta por la autonomía, la organización colectiva y el derecho a una vida digna. Este 8 de marzo, desde CREAS renovamos nuestro compromiso con las iglesias y organizaciones comunitarias, y reconocemos el liderazgo de las mujeres como una fuerza que crea, sostiene y transforma la comunidad en contextos desafiantes.

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Mensaje de Navidad 2025

“Porque nos ha nacido un niño, se nos ha concedido un hijo; la soberanía reposará sobre sus hombros, y se le darán estos nombres: Consejero admirable, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de Paz.” (Isaías 9:6, NVI) En esta Navidad, celebramos una vez más el misterio de la Encarnación: Dios que se hace cercano, que habita entre nosotros y abre caminos de reconciliación allí donde surgen muros, distancias y temores. Este año nos ha desafiado en una América Latina que ha vivido tensiones sociales, políticas y económicas que han impactado la vida cotidiana de las comunidades y el trabajo que realizan las iglesias y organizaciones comunitarias. Frente a estas realidades, sentimos el llamado del Evangelio a sostener la cooperación, a cuidar los vínculos y a preservar espacios donde la dignidad humana pueda florecer. Damos gracias a Dios por cada experiencia en la que este espíritu se hizo visible: organizaciones comunitarias que abrieron sus puertas a quienes necesitaban contención; jóvenes que fortalecieron su liderazgo para promover la paz en sus comunidades; organizaciones que caminaron juntas para dar respuestas solidarias; iglesias que ofrecieron un testimonio ecuménico de unidad y diálogo en contextos de creciente polarización. Estos signos de esperanza son huellas concretas del Reino que se acerca. Agradecemos también la confianza y la cooperación de iglesias, agencias, universidades y organizaciones de la sociedad civil que han compartido con nosotros la misión de acompañar procesos de transformación comunitaria. Que el nacimiento del Niño Jesús renueve nuestro ánimo para cultivar la hospitalidad en tiempos difíciles, tender puentes donde se levantan barreras, y seguir ofreciendo un testimonio ecuménico de paz que dignifique y humanice nuestras sociedades latinoamericanas. Que su luz nos guíe a fortalecer los lazos que nos unen en la fe, en el servicio y en la esperanza activa. Con gratitud y deseos de bendición de Dios, Horacio Mesones Director Ejecutivo CREAS

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Taller de evaluación de proyectos comunitarios

CREAS llevó adelante el Taller de Evaluación de Proyectos Comunitarios, que se desarrolló en dos instancias complementarias. La primera, de carácter virtual e introductoria, se realizó el pasado 7 de agosto y tuvo una duración de dos horas. La segunda fue presencial y tuvo lugar el 13 de agosto en la Casa de Encuentros Sagrado Corazón. El taller estuvo a cargo de Rosaura Andiñach, coordinadora del Fondo de Pequeños Proyectos, y Deborah Petcoff, coordinadora de Procesos Comunitarios, y contó con la participación de nueve organizaciones comunitarias, cooperativas e iglesias del Gran Buenos Aires. El objetivo principal fue fortalecer las capacidades de las organizaciones mediante herramientas de gestión y acompañar la implementación de sus proyectos a través de una propuesta de formación en evaluación diseñada para pequeños proyectos de organizaciones que abordan problemáticas comunitarias. Esta iniciativa se enmarca en la estrategia de intervención de CREAS con las organizaciones e iglesias, que combina tres componentes: apoyo económico, instancias de capacitación y espacios de articulación e intercambio. El Fondo de Pequeños Proyectos, además de ser un mecanismo de apoyo financiero, busca fortalecer a las organizaciones mediante capacitaciones y encuentros que fomenten el trabajo en red y el intercambio de experiencias. “Las organizaciones comunitarias desarrollan todos los días un montón de actividades para la atención y cuidado de las personas que asisten a ellas. Con pocos recursos económicos y personal diezmado siguen organizándose para llevar a sus barrios alguna propuesta que promueva los derechos vulnerados de la población que los rodea. Consideramos la evaluación como una parte esencial del proyecto, pero que muchas veces no queda el tiempo suficiente para realizarla, y se hace rápido, sin mucha planificación. Buscamos dar herramientas para que esa evaluación se pueda planificar con más detalle durante la formulación del proyecto. Planificarla de antemano permite hacer un monitoreo más preciso, y recolectar datos con anticipación, para que el momento de la evaluación sea más llevadero y concreto. Una mejor evaluación de los proyectos le permitirá a las organizaciones mejorar sus programas, aprender de sus acciones y diseñar nuevas propuestas basadas en evidencia”. Deborah Petcoff, Coordinadora de Procesos Comunitarios

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Puente del Sur: economía social y trabajo cooperativo

La Cooperativa Puente del Sur nace en 2003 de la iniciativa de un grupo de trabajadores que decidió generar su propia fuente de ingresos, con trabajo digno, en un contexto marcado por la crisis del 2001. En un escenario donde la economía popular, social y solidaria crecía con fuerza, fábricas recuperadas, pequeños productores, organizaciones barriales y cooperativas, muchos de estos emprendimientos carecían de canales de comercialización adecuados. Puente del Sur llegó para cubrir ese vacío y poner en circulación productos elaborados por unidades productivas autogestivas. Para acercar productos elaborados por unidades productivas autogestivas a los hogares. Desde entonces, la organización se dedica a la comercialización de productos, principalmente de la canasta básica, elaborados por emprendimientos de la economía social y solidaria de distintas regiones del país. Su catálogo incluye alimentos, productos textiles, editoriales, de limpieza, cuidado corporal y juguetes, entre otros. “Creemos que son fundamentales las comercializadoras como Puentes del Sur en las que que proponemos un modelo alternativo a las formas de consumo y producción y cumplimos ese rol importante de unir a la agricultura familiar y emprendimientos de la economía social con el consumo de alimentos del día a día” Lila, Puente del Sur Apostar al territorio y al trabajo local   Puente del Sur está ubicado en el barrio Villa Udaondo, Ituzaingó (Oeste del Gran Buenos Aires). Uno de los objetivos que se propuso el grupo de mujeres que lleva adelante la cooperativa fue fortalecer su vínculo con el territorio. Quisieron sumar emprendimientos locales a su red de comercialización y promover el trabajo cooperativo en la zona. Para eso, era necesario restaurar su local y transformarlo de un depósito a un espacio abierto al público. Gracias al apoyo del Fondo de Pequeños Proyectos de CREAS, pudieron concretar mejoras edilicias: mobiliario nuevo, cortinas automatizadas, mejor organización del espacio y condiciones de trabajo más seguras para las asociadas. Estas reformas facilitaron la apertura del local a la comunidad y dieron mayor visibilidad a la cooperativa en el barrio. Más ventas, más comunidad     Los cambios se notaron rápidamente. Las ventas en el local aumentaron un 20% en comparación con el mismo período del año anterior. A esto se sumó la incorporación de cuatro nuevos emprendimientos productivos locales al catálogo de la comercializadora: Fuega, Panificados Estefanía, Integral Trigas y Alto Bondi Serigrafía. Sostener el trabajo   En medio del actual panorama económico, estas acciones permitieron sostener y proyectar la tarea de Puente del Sur como cooperativa. Las mejoras en el local no sólo optimizaron el espacio de trabajo, sino que reforzaron el sentido de pertenencia y el compromiso con una forma de trabajo que promueve la inclusión, el consumo responsable y el fortalecimiento de las redes locales. “Tuvimos que sentarnos a pensar cuales son las necesidades del espacio, de nosotras como grupo, priorizarlas y ser conscientes de poder llevarlo a la realidad. Invertir el dinero en cosas que hagan que vuelva. Además, aprendimos a trabajar en grupo, nos formamos y enfrentamos los desafíos pensando siempre en el bienestar de todas y de la cooperativa” Gabriela Torres, Puente del Sur La cooperativa sigue creciendo y tienen la expectativa de mejorar aún más sus condiciones de trabajo y optimizar sus procesos administrativos para que los productos lleguen a más personas. y para que todas las mujeres que hacen parte de Puente puedan tener su trabajo en la cooperativa como su fuente de ingreso principal.

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Campo Desde el Pie: trabajo cooperativo y soberanía alimentaria

“Campo desde el pie” es un pequeño emprendimiento que nació de una necesidad concreta: evitar el desperdicio de alimentos. En el predio del mismo nombre, ubicado en Villa San Luis, Florencio Varela , el grupo “Campillo”, parte del Frente de Organizaciones en Lucha -FOL-,lleva adelante la siembra y venta de frutas y verduras agroecológicas. Sin embargo, la producción superaba ampliamente la demanda. Donaron a comedores, regalaron productos, pero aún así el excedente persistía. Frente a esto, surgió una solución creativa: elaborar berenjenas al escabeche. Luego vinieron los tomates, con los que prepararon mermeladas, y así, con cada nuevo fruto, nacía una conserva o mermelada más, que hoy forma parte del catálogo de productos del emprendimiento. “Nos entusiasmamos, dijimos esto va, nos sale rico, es alimento. Lo interiorizamos, estábamos sin laburo o con laburos precarios y empezamos a aprender, a hacer distintos cursos para poder llevarlo adelante” Cintia Galiñanes, referente de Campo desde el Pie Además de la producción agroecológica, el predio cuenta con una pequeña producción apícola y avícola, integradas bajo una lógica cooperativa que apuesta a consolidar una unidad productiva diversificada, con potencial de crecimiento y sostenibilidad. “Como grupo estamos aprendiendo muchas cosas sobre soberanía alimentaria y producción ecológica, que sea amigable con el medio ambiente y con nosotros mismos. Son desafíos que tenemos constantemente. Las seis personas que integramos este grupo venimos de producir en la ciudad y estamos aprendiendo a vivir en y del campo.” Cintia Galiñanes Campo desde el Pie busca generar fuentes de empleo sustentables y de calidad, promoviendo al mismo tiempo hábitos alimentarios saludables. Gracias al apoyo del Fondo de Pequeños Proyectos de CREAS, el grupo pudo remodelar la cocina y convertirla en un espacio adecuado para la elaboración de conservas y mermeladas. También pudieron adquirir utensilios e insumos que optimizan y hacen más segura la producción. El proyecto incluyó además la compra de los elementos necesarios para avanzar con la producción apícola, permitiendo poner en práctica los conocimientos adquiridos en el curso “Mi primera colmena”, realizado por integrantes del equipo. Con esta incorporación, podrán comenzar a cosechar miel para su comercialización, y utilizar la cera producida por las abejas para elaborar paños de cera, una alternativa ecológica al papel film. “Si bien la producción apícola todavía no genera ingresos porque los tiempos de la naturaleza son distintos, requiere un año o año y medio de inversión de trabajo, gracias al apoyo de CREAS podemos quedarnos tranquilos de que tenemos lo necesario para producir de acuerdo a los tiempos que demanda la naturaleza. Ahora no es nuestro principal ingreso, pero tenemos la expectativa de que lo sea en el futuro.” Cintia El Fondo de Pequeños Proyectos apoya iniciativas como Campo desde el Pie, que integran economía popular, soberanía alimentaria y organización comunitaria, promoviendo redes locales que fortalecen a las comunidades y abren nuevas posibilidades para una vida digna.

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Florecer, fortaleciendo capacidades para el bienestar colectivo

Desde hace más de 30 años, la Asociación Civil Florecer acompaña a la comunidad del barrio Sol y Verde en José C Paz, provincia de Buenos Aires, con propuestas integrales que promueven el desarrollo de sus capacidades y el fortalecimiento comunitario. La asociación cuenta con el Centro Comunitario San Francisco y el Centro recreativo, cultural y polideportivo Todxs Juntxs. Allí, de lunes a sábado se desarrollan actividades como apoyo escolar, talleres de costura y computación, artes, deportes, fútbol callejero y juegos para niños, niñas y adolescentes. El complejo panorama socioeconómico actual ha puesto en riesgo la subsistencia de las familias del barrio y la continuidad de las organizaciones comunitarias. En este contexto, Florecer apostó a una nueva estrategia para generar ingresos genuinos que beneficien a las mujeres del barrio y a Florecer. Con esto en mente, presentaron al Fondo de Pequeños Proyectos la propuesta “Cocinando estrategias” Celebraciones en el Poli   Los recursos de Florecer y del Polideportivo Todxs Juntxs se unieron para generar la idea de alquilar el espacio para cumpleaños infantiles y eventos familiares, que incluye servicios de gastronomía, decoración, animación y más, ofrecidos por mujeres del barrio. Con el apoyo del FPP, el proyecto Cocinando Estrategias llevó adelante talleres de capacitación para mujeres y el acondicionamiento del espacio físico del Polideportivo para dejarlo apto para celebraciones. Quienes quieran festejar su cumpleaños o tener algún otro tipo de evento podrán hacerlo en Florecer por un precio accesible, cuyas ganancias serán destinadas al mantenimiento y fortalecimiento del Centro Comunitario. Algunos de los cambios que lograron en el espacio físico: Ampliación del salón y cocina, y pintura nueva. Equipamiento básico de cocina: horno pizzero, heladera, freezer, amasadora, sobadora y utensilios. Nivelar y marcar la cancha de fútbol para los talleres de este deporte. Mejorar algunos de los murales que ya estaban en el centro comunitario. Plantar árboles frutales que en un futuro servirán para demarcar un sendero. Si bien hasta ahora sólo han celebrado eventos internos del Centro Comunitario, con el tiempo y la transmisión voz a voz en el barrio, el Polideportivo de Florecer será un lugar de referencia para quienes quieren realizar eventos en Sol y Verde. De esta manera el Centro Comunitario podrá sostenerse y seguir acompañando a las familias del barrio. Capacitación y acompañamiento   Los objetivos de Cocinando estrategias son ofrecer servicios para eventos y fomentar la creación de emprendimientos que puedan generar ingresos para las mujeres, y de esta manera fortalecer su independencia económica. Durante seis meses, un grupo de diez mujeres, muchas de ellas madres de los chicos que asisten al centro comunitario, recibieron capacitación en panificados y en comercialización. Lo que en un principio era sólo un taller para aprender a amasar y hornear, se convirtió en un espacio de contención y acompañamiento para las mujeres, “el único espacio que muchas tienen solo para ellas” como lo cuenta la profesora Belén, tallerista de panificados y fútbol callejero en Florecer. Al darse cuenta de esto, Belén, decidió dar un tiempo al inicio de la clase para que cada una pueda expresarse, contar lo que les ha pasado y “relajar, estar, y dejar todo afuera antes de empezar con las recetas”. “Algunas mujeres querían aprender para poder trabajar de los panificados, venderlos en la feria. Fue un golpe saber que no lo podían hacer en sus casas porque no tienen su espacio, sea porque está el esposo o con los hijos, y acá encontraron ese espacio” dice Belén y aclara que Florecer no sólo les dio la capacitación sino que actualmente, la cocina, el horno y los utensilios están abiertos para quienes quieran usarlos para sus pequeños emprendimientos. Hoy hay mujeres que van a la cocina de Florecer a producir panificados sea para vender o como productos para consumo familiar, lo que significa un ingreso o un ahorro en su economía. Una apuesta comunitaria   A través del fortalecimiento de capacidades, la generación de ingresos y la creación de redes de colaboración, esta iniciativa busca responder creativa y de manera comunitaria a la crisis. El Fondo de Pequeños Proyectos es una de nuestras herramientas para apoyar proyectos comunitarios en los que organizaciones como Florecer se consolidan internamente mientras impulsan acciones que promueven mejores condiciones de vida para las personas en las comunidades donde están presentes.

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El Meren: una radio para transformar el barrio

El club solidario “El Meren” es, desde hace más de quince años, un espacio de cuidado, contención y participación comunitaria para los habitantes del barrio Sol y Verde, ubicado en José C Paz, una localidad ubicada al oeste del Gran Buenos Aires. El club nació como un merendero, consolidándose como un punto de referencia para la comunidad que encuentra allí un lugar para compartir, formarse y ser escuchada. El meren cuenta con un espacio de contención y cuidado para infancias, actividades recreativas para niños, jóvenes y familias, y talleres lúdicos y de oficios para adultos. Además, grupos de acompañamiento al fortalecimiento de mujeres, de personas en situación de consumos problemáticos de sustancias, y de familiares y amigos que acompañan esta problemática. Este año, con el apoyo del Fondo de Pequeños Proyectos, el club solidario El Meren sumó a sus espacios una radio comunitaria, con la que promueven la participación de jóvenes y adultos del barrio para visibilizar las problemáticas que los atraviesan y generar redes de cuidado en comunidad. “La salida es comunitaria”   El Meren nació bajo el lema “La salida es comunitaria”. Ese espíritu solidario, que se reforzó durante la pandemia y se sigue haciendo fuerte en momentos de crisis, hoy impulsa nuevos proyectos pensados desde las necesidades concretas de la comunidad. Uno de los desafíos más profundos que enfrenta el barrio es el consumo problemático de sustancias, que afecta especialmente a adolescentes y jóvenes, pero también atraviesa a las familias en su conjunto. Frente a este contexto, surgió la propuesta de crear una radio comunitaria como un espacio de prevención, diálogo y formación. La idea no fue solo generar un medio de comunicación, sino construir un nuevo ámbito donde se puedan expresar voces que habitualmente no encuentran espacios, donde las personas puedan formarse y donde la comunidad pueda hablarle a la comunidad. Un proceso que fortalece vínculos   La radio comenzó a gestarse con la articulación de El Meren junto a la FM Tinkunako, una radio comunitaria con 25 años de trayectoria, que nació en el Centro Comunitario Belén, en el barrio San Atilio, también en José C Paz. Con su acompañamiento realizaron talleres de formación en radio e iniciación a la programación radial en los que participaron 30 personas de la comunidad. El meren tiene, también, un vínculo cercano con Vientos de Libertad- organización que trabaja por la recuperación de personas que atraviesan consumos problemáticos-, algunas de estas personas hacen su tratamiento ambulatorio en el club solidario. Varios de ellos están ahora al frente de proyectos radiales en Vientos del Sur y participaron de una jornada de intercambio en la radio comunitaria. Durante esta actividad, salieron al aire entrevistas entre quienes se ven atravesados por la problemática del consumo de sustancias psicoactivas. Una radio para la comunidad   El proyecto de radio no sólo apunta a brindar información o entretenimiento. Se trata de un espacio pensado desde la prevención y la salud comunitaria, con una mirada integral del bienestar, en el que es bienvenida cualquier persona que desee formar parte de este espacio. Para el festejo de su aniversario, el Club Solidario El Merendero realizó una actividad abierta en el barrio, donde se presentó la radio comunitaria y se invitó a participar a vecinos y personas de barrio Sol y Verde y alrededores. El proyecto de la radio, es también una apuesta a la formación para el empleo, ya que brinda herramientas técnicas y habilidades en comunicación que pueden ser una puerta de entrada al mundo laboral. Proyectar el futuro   Además de los talleres de formación, con el apoyo del FPP, El meren acondicionó un espacio dentro del club exclusivo para el estudio de radio, que planean seguir transformando para poder salir también vía streaming. El acondicionamiento de este espacio físico y tener un primer programa armado y al aire, permite darle continuidad al proyecto y facilitar la producción de contenidos en vivo, consolidando un espacio propio, y generando mayor apropiación y pertenencia por parte de quienes lo integran. Con la radio, El Meren reafirma su compromiso de construir comunidad desde el cuidado mutuo, la participación y el derecho a la palabra.

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Foto: Artesanía de Sullón Inga (La Encantada, Sulucanas, Perú), obsequio de Eddy Suárez, participante de Ikuméni.

Vivirá vuestro corazón para siempre

En la hora más oscura, cuando el dolor, la injusticia y el abandono parecían haber vencido, Jesús clamó desde la cruz: “Padre, ¿por qué me has abandonado?” (Mt 27:46). Ese clamor no fue el final, sino el inicio de una promesa que llega hasta nuestros días: incluso en el sufrimiento más agudo, Dios está presente. Jesús nos conecta, así, con las palabras del Salmo 22, donde la angustia se transforma en alabanza y en esperanza compartida: «Comerán los humildes y serán saciados; alabarán al Señor quienes lo buscan; vivirá vuestro corazón para siempre.» (Salmo 22:26) Hoy, el anuncio de la Pascua habla directamente a las comunidades que siguen creando con amor, que trabajan por la paz y la justicia, que siembran vida en medio del dolor. Nos recuerda que la última palabra no la tiene la muerte, sino el Dios de la Vida, que se revela en Jesús resucitado. La Pascua es la certeza de que lo pequeño no está perdido, que lo quebrado puede sanar, que lo que parece invisible a los ojos del mundo es lo que Dios ve con ternura. Es un llamado a creer que, aún en la incertidumbre, se gesta un nuevo horizonte. Que hay pan para compartir, y alegría para quienes lo buscan. Desde CREAS, acompañando los pasos de las iglesias, organizaciones y comunidades que construyen día a día caminos de dignidad, celebramos esta Pascua con un corazón lleno de esperanza. Que la luz de Cristo resucitado nos siga animando a abrir caminos, a tender manos, a alimentar cuerpos y espíritus, a vivir como pueblo resucitado. Horacio Mesones Director Ejecutivo CREAS   *Foto: Artesanía de Sullón Inga (La Encantada, Chulucanas, Perú), obsequio de Eddy Juárez, participante de Ikuméni.

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