Argentina

Taller Eureka: aprender un oficio y tallar oportunidades

En Villa Diamante (Lanús Oeste, Buenos Aires), la Iglesia Evangélica Metodista Argentina impulsa diversas iniciativas orientadas a acompañar a adolescentes, jóvenes y adultos de sectores populares. La iglesia constituye un espacio de encuentro para personas provenientes de 3 villas cercanas a ella: Villa Jardín, Villa Ilasa y barrio el Triángulo. En estos barrios adolescentes y jóvenes atraviesan un contexto marcado por la precariedad laboral y las dificultades para sostener sus trayectorias educativas. La falta de fuentes de trabajo estables y de oportunidades de capacitación se suma a una realidad en la que muchas familias dependen desde hace generaciones de empleos informales y de ingresos inestables. A esto se suma la escasez de espacios gratuitos de encuentro y recreación, así como el avance del negocio de las drogas en los últimos años, factores que profundizan las situaciones de vulnerabilidad en los más  jóvenes.  En este contexto funciona el Taller Eureka, una propuesta de formación en calado y tallado en madera que busca fortalecer capacidades, recuperar saberes vinculados al trabajo artesanal y abrir nuevas posibilidades para quienes participan. El proyecto está dirigido principalmente a mujeres y adolescentes, y propone el aprendizaje de técnicas que pueden contribuir tanto a la inserción laboral como al desarrollo de emprendimientos propios. En el espacio de la iglesia se realizan también proyecciones y debates con el Grupo de Adolescentes de la iglesia, aprovechando la pantalla y las condiciones preparadas para estas actividades. De esta manera, el taller se integra a una dinámica comunitaria más amplia y se convierte en un ámbito donde confluyen aprendizaje, encuentro y participación. Taller Eureka, el valor del oficio artesanal El proyecto nace de la necesidad de ampliar la oferta de capacitación técnica en la comunidad. A través del trabajo con madera, quienes participan del taller se  ejercitan progresivamente en el manejo de herramientas, el desarrollo de habilidades motrices y la exploración de formas, texturas y colores. El taller recupera la cultura del trabajo artesanal, basada en la dedicación y la constancia, como un medio para que cada persona reconozca sus talentos y proyecte oportunidades de ingresos. Durante el desarrollo del proyecto también se avanzó en una reorganización de los tiempos de trabajo. Actualmente, se priorizan en primer término los trabajos conjuntos del Taller Eureka, que incluyen encargos, manejo de herramientas y materiales y nuevos aprendizajes. Luego se destinan espacios a los proyectos personales de quienes participan. Hay quienes integran el tallado a sus propios emprendimientos, combinándolo con la costura o la fabricación de instrumentos musicales.  De esta manera, el aprendizaje del oficio se articula con capacidades y saberes que cada participante ya tiene y puede ampliar. Esta organización permitió fortalecer acuerdos y compromisos, ordenar las tareas y promover una mayor apropiación del espacio por parte de sus integrantes. El crecimiento de Eureka también se refleja en la administración de sus recursos. El grupo implementó una cuota mensual autogestionada destinada al mantenimiento de herramientas y al consumo eléctrico, lo que aporta sostenibilidad y autonomía al funcionamiento cotidiano. De cara al futuro, el taller busca profundizar sus contenidos técnicos mediante capacitaciones en pirograbado y herramientas de comercialización y marketing. El Taller Eureka demuestra cómo la formación en oficios y la organización colectiva fortalecen el tejido social. Acompañar estas iniciativas forma parte del compromiso de CREAS con las organizaciones territoriales y los espacios que aportan a la paz de sus comunidades.

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Tienda La Pallamay: identidad y trabajo colectivo

La Pallamay es una experiencia colectiva que reúne a mujeres emprendedoras comprometidas con la construcción de alternativas económicas basadas en la cooperación, la solidaridad y el trabajo en red. A través de su tienda colectiva y de diversas iniciativas de comercialización y formación, la organización impulsa espacios que fortalecen la economía social y solidaria, promoviendo el desarrollo de capacidades, la autonomía económica y la participación comunitaria. Acompañado por el Fondo de Pequeños Proyectos de CREAS, la iniciativa “La Pallamay: Construcción de Identidad y Valor Colectivo en la Tienda y la Feria Educativa” busca fortalecer tanto los espacios de venta impulsados por la organización, como las capacidades organizativas, los vínculos comunitarios y el sentido de pertenencia que sostienen esta experiencia colectiva desde hace más de una década. La Pallamay está integrada por mujeres emprendedoras, en su mayoría egresadas o integrantes de la comunidad educativa del Centro de Formación Profesional N.° 406 de Quilmes – Isabel Pallamay (que toma su nombre de Isabel Pallamay, líder indígena reconocida como la primera mujer en acceder al cacicazgo dentro de cualquier nación indígena sudamericana). Sus producciones abarcan una amplia diversidad de rubros, entre ellos Textiles Marroquinería Juguetes Cosmética natural Gráfica y servicios de comunicación. Para muchas de las integrantes de La Pallamay, sus emprendimientos representan una fuente fundamental de ingresos y una herramienta para mejorar la economía de sus hogares. En un contexto de profunda crisis económica y con la caída del consumo, la economía social y solidaria enfrenta desafíos para que sus emprendimientos sean sostenibles. Fortalecer los canales de comercialización, las capacidades de gestión y las redes se vuelve clave para mantener estos procesos en el tiempo. Más que comercialización   Actualmente, la organización gestiona una tienda colectiva que funciona como espacio de comercialización, encuentro y aprendizaje compartido. Allí, las emprendedoras organizan de manera colaborativa la atención del local, la exhibición de productos y las tareas de gestión, fortaleciendo prácticas de cooperación y construcción colectiva. Sin embargo, el proyecto busca ir más allá de la comercialización. Uno de sus principales aportes consiste en generar un proceso de reflexión y fortalecimiento organizacional que permita consolidar una identidad colectiva común, reafirmando valores vinculados a la solidaridad, la reciprocidad, la democracia participativa y el trabajo en red. “La posibilidad de detenerse a reflexionar sobre lo que se viene haciendo, lo que se quiere transformar y los caminos a seguir constituyen en sí misma una herramienta de fortalecimiento organizacional”, dicen desde la organización.   Formación y articulación en red   El proyecto también busca fortalecer las capacidades comerciales de La Pallamay mediante el desarrollo de materiales de comunicación, mejoras en los espacios de venta y la reactivación de la Feria Educativa de Economía Social y Solidaria, una iniciativa que dio origen al colectivo y que históricamente funcionó como espacio de encuentro entre emprendimientos, organizaciones e instituciones educativas. La recuperación de este espacio permitirá ampliar la visibilización de los productos, generar nuevas oportunidades de comercialización y fortalecer los vínculos con la comunidad. Además, la feria se proyecta como un ámbito abierto para la participación de otras organizaciones de la economía social y solidaria, promoviendo el intercambio de saberes, la cooperación y el trabajo en red. Otro aspecto clave del proyecto es su dimensión formativa y comunicacional. Con el acompañamiento de la Incubadora Universitaria en Diseño y Comunicación de la Universidad Nacional de Quilmes y de la Cooperativa de Comunicación Tramas, las participantes fortalecerán capacidades en herramientas digitales, comunicación, diseño e identidad organizacional. A través de espacios de formación y trabajo participativo, se desarrollarán recursos que permitan visibilizar mejor la experiencia de La Pallamay, comunicar sus valores y consolidar una identidad colectiva compartida. Entre las acciones se incluyen la elaboración de un manual de marca y el diseño de herramientas de comunicación orientadas a fortalecer el sentido de pertenencia, la proyección institucional y el posicionamiento de la organización. Estas acciones buscan fortalecer capacidades que trascienden el proyecto puntual y que podrán seguir siendo utilizadas por las emprendedoras en el desarrollo de sus iniciativas productivas y comerciales. Más allá de los resultados económicos, el proyecto apuesta a consolidar espacios donde la producción, la educación y la comunidad se articulen desde una perspectiva basada en la cooperación y la sostenibilidad. En este sentido, la tienda colectiva y la feria son también lugares de encuentro, aprendizaje y construcción de ciudadanía. A través de este proceso, La Pallamay continúa fortaleciendo una experiencia colectiva que demuestra el potencial de la economía social y solidaria para generar oportunidades, ampliar derechos y construir alternativas sostenibles desde los territorios.  

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El camino de Yarará hacia la sostenibilidad

La Cooperativa de Trabajo 26 de Junio nació a partir de la organización comunitaria y vecinal en barrios populares, con el objetivo de generar oportunidades laborales para personas excluidas del mercado formal. Desde sus inicios, el trabajo colectivo y el oficio de la costura se convirtieron en herramientas esenciales para construir alternativas económicas y comunitarias en contextos atravesados por la desigualdad. El taller textil funciona en Villa Itatí, Quilmes, uno de los barrios populares más grandes del conurbano bonaerense, donde miles de familias enfrentan cotidianamente dificultades vinculadas al empleo, las condiciones de vida y el acceso a servicios básicos. En este escenario, la cooperativa se fue consolidando como un espacio de labor, cuidado y construcción social. La mayoría de sus integrantes son mujeres, muchas de ellas jefas de hogar que sostienen económicamente a sus familias, por lo que ocupan un lugar central en las tareas operativas, la organización diaria, la planificación y los procesos de formación de los que hacen parte, sea enseñando a sus compañeras o recibiendo conocimientos que les hacen falta. A través de distintos programas públicos orientados al desarrollo del trabajo y la economía social, la 26 de Junio adquirió sus primeras máquinas y conformó el grupo inicial de confección. Los primeros encargos fueron arreglos de ropa para vecinos de la zona, para luego avanzar hacia procesos de mayor escala, como la fabricación de guardapolvos y pintorcitos para organismos públicos nacionales y provinciales. Sin embargo, el desmantelamiento de diversas políticas públicas dirigidas al sector cooperativo comenzaron a impactar fuertemente en la viabilidad del espacio. La reducción de pedidos institucionales, la crisis general y la apertura de importaciones profundizaron las dificultades para mantener los ingresos y garantizar la estabilidad laboral. Frente a este escenario, y a través de dos proyectos apoyados por el Fondo de Pequeños Proyectos de CREAS, la organización dio impulso a un proceso de revitalización productiva y organizativa del taller y de su marca Yarará, buscando construir mejores condiciones de autonomía y sustentabilidad. El primer proyecto tuvo como propósito fortalecer el área de fabricación y comercialización del taller para mejorar las condiciones de vida de sus integrantes y de la comunidad. Desde la cooperativa destacan que este proceso fue clave para comenzar a proyectar la viabilidad del espacio, afianzando la dinámica interna y las ventas. Uno de los principales logros fue la reactivación de una producción autónoma, disminuyendo la dependencia de los programas públicos que durante años sostuvieron gran parte de la actividad. Este paso permitió planificar líneas de trabajo propias, definir metas comunes y reorganizar tareas y responsabilidades dentro del espacio. Durante esta etapa se confeccionaron artículos específicos como guardapolvos escolares, remeras conmemorativas y prendas con estampas vinculadas a motivos argentinos. Toda la producción fue distribuida a través de canales propios y comercializadoras solidarias. Fue precisamente en esta fase donde nació el nombre Yarará, fruto de una labor de comunicación y marketing que las trabajadoras realizaron en conjunto con asesores de la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ). Mediante este proceso, además de definir la identidad de la marca, crearon colectivamente su logotipo y activaron las redes sociales. Además de los avances técnicos, la organización destaca transformaciones importantes en términos organizativos. Los espacios de formación y encuentro afianzaron el compromiso de las integrantes, generaron un mayor sentido de pertenencia y permitieron construir respuestas colectivas frente a las problemáticas cotidianas que atraviesan la vida de las integrantes y sus familias. Como continuidad de este camino surgió el segundo proyecto, titulado “Construyendo sostenibilidad”, diseñado como una nueva etapa para profundizar y consolidar los avances alcanzados previamente. El objetivo de esta segunda iniciativa es contribuir al sostenimiento de la marca Yarará y del taller mediante el afianzamiento de las condiciones operativas y organizacionales. Si bien durante los primeros años se logró mejorar la capacidad técnica y administrativa, además de instalar la marca, la cooperativa identificó la necesidad de seguir trabajando sobre ejes estratégicos para sostener el crecimiento. Entre los principales desafíos actuales aparecen la planificación de colecciones por temporada, la optimización de los mecanismos de control de calidad, el fortalecimiento de roles y funciones internas, y el desarrollo de estrategias de venta adaptadas a las necesidades de las propias trabajadoras. En ambos proyectos, el acompañamiento de la Universidad Nacional de Quilmes ha resultado fundamental. La institución colabora en instancias de asistencia técnica, talleres de formación, estrategias de comercialización y posicionamiento de marca, además de facilitar el ingreso de Yarará a CHASQUI, una plataforma virtual de venta para emprendimientos de la economía social. Asimismo, la articulación con la Unión de Trabajadores y Trabajadoras de la Economía Popular (UTEP) y su Federación Textil permitió ampliar las redes de trabajo, acceder a nuevos pedidos y dar mayor visibilidad a la experiencia cooperativa. Actualmente, la Yarará continúa apostando por consolidar un modelo de gestión autogestionado y comunitario, en un contexto económico complejo que impacta especialmente sobre las mujeres trabajadoras y las experiencias de la economía popular.

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Mujeres que transforman: iniciativas comunitarias que aportan a la construcción de una vida digna y la paz

Marzo nos invita, una vez más, a poner en el centro la realidad de las mujeres y la necesidad de seguir construyendo condiciones para sostener la Vida en dignidad. En CREAS entendemos este compromiso como una práctica sostenida a lo largo del tiempo. A través del Fondo de Pequeños Proyectos acompañamos a organizaciones comunitarias e iglesias con iniciativas que nacen en los territorios en búsqueda de soluciones concretas que promuevan la vida en plenitud. Varias de estas iniciativas son impulsadas por mujeres que organizan, producen, enseñan, contienen y generan oportunidades en contextos atravesados por desigualdades profundas. Allí donde el acceso al trabajo digno, a la vivienda o a recursos básicos se vuelve incierto, son muchas veces ellas quienes sostienen procesos comunitarios con creatividad y perseverancia. Durante este período acompañamos iniciativas que impulsan la transformación en las comunidades: Grupo de Mujeres Dulceras – Cooperativa La Campesina (Córdoba) El proyecto fortaleció la producción colectiva de dulces artesanales, consolidando la organización interna del grupo y mejorando sus prácticas productivas. Aun en un contexto de crisis económica y caída del consumo, las mujeres sostuvieron el emprendimiento y proyectan avanzar en infraestructura y certificaciones para ampliar su comercialización. Más que Puntadas – EPEBA (Buenos Aires) Espacio textil comunitario que permitió a mujeres del barrio desarrollar nuevas habilidades técnicas, innovar en terminaciones y participar en ferias locales. El proceso continúa en implementación, con el desafío de consolidar una marca propia que genere ingresos sostenibles y mayor autonomía económica. “Cocinando Estrategias I” – Delicias Jazmín (Buenos Aires) A partir de capacitaciones en panificados, repostería y comercialización, se conformó un emprendimiento productivo integrado actualmente por cinco mujeres. Más allá de la formación técnica, el proyecto fortaleció el trabajo grupal, la toma de decisiones colectivas y la generación de ingresos en un contexto adverso. Conectando Emprendimientos – Fundación Suyai (Pilar, Córdoba) La iniciativa brindó formación en alfabetización digital, marketing y oficios, permitiendo que mujeres y jóvenes adquieran herramientas concretas para la gestión de emprendimientos y generación de ingresos. Como proyección, la organización impulsa la creación de un Punto Digital Comunitario que dé continuidad al proceso. Hilando Historias – Abrigar Derechos Asociación Civil (CABA) Actualmente en etapa de implementación, el proyecto promueve la capacitación textil para mujeres y diversidades en situación de calle o en riesgo de estarlo. Se espera que el proceso derive en la conformación de una unidad productiva que fortalezca la autonomía económica, las redes de cuidado y la reconstrucción de trayectorias de vida. Estos procesos reafirman que cuando las mujeres acceden a recursos, formación y acompañamiento, se fortalecen sus proyectos de vida, se dinamizan economías locales, y se construyen redes comunitarias. Cada iniciativa acompañada es una apuesta por la autonomía, la organización colectiva y el derecho a una vida digna. Este 8 de marzo, desde CREAS renovamos nuestro compromiso con las iglesias y organizaciones comunitarias, y reconocemos el liderazgo de las mujeres como una fuerza que crea, sostiene y transforma la comunidad en contextos desafiantes.

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Mensaje de Navidad 2025

“Porque nos ha nacido un niño, se nos ha concedido un hijo; la soberanía reposará sobre sus hombros, y se le darán estos nombres: Consejero admirable, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de Paz.” (Isaías 9:6, NVI) En esta Navidad, celebramos una vez más el misterio de la Encarnación: Dios que se hace cercano, que habita entre nosotros y abre caminos de reconciliación allí donde surgen muros, distancias y temores. Este año nos ha desafiado en una América Latina que ha vivido tensiones sociales, políticas y económicas que han impactado la vida cotidiana de las comunidades y el trabajo que realizan las iglesias y organizaciones comunitarias. Frente a estas realidades, sentimos el llamado del Evangelio a sostener la cooperación, a cuidar los vínculos y a preservar espacios donde la dignidad humana pueda florecer. Damos gracias a Dios por cada experiencia en la que este espíritu se hizo visible: organizaciones comunitarias que abrieron sus puertas a quienes necesitaban contención; jóvenes que fortalecieron su liderazgo para promover la paz en sus comunidades; organizaciones que caminaron juntas para dar respuestas solidarias; iglesias que ofrecieron un testimonio ecuménico de unidad y diálogo en contextos de creciente polarización. Estos signos de esperanza son huellas concretas del Reino que se acerca. Agradecemos también la confianza y la cooperación de iglesias, agencias, universidades y organizaciones de la sociedad civil que han compartido con nosotros la misión de acompañar procesos de transformación comunitaria. Que el nacimiento del Niño Jesús renueve nuestro ánimo para cultivar la hospitalidad en tiempos difíciles, tender puentes donde se levantan barreras, y seguir ofreciendo un testimonio ecuménico de paz que dignifique y humanice nuestras sociedades latinoamericanas. Que su luz nos guíe a fortalecer los lazos que nos unen en la fe, en el servicio y en la esperanza activa. Con gratitud y deseos de bendición de Dios, Horacio Mesones Director Ejecutivo CREAS

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Ambiente habilitante para la democracia y convivencia en paz

En Argentina, como en buena parte de América Latina, las organizaciones sociales, comunitarias, cooperativas e iglesias enfrentan desafíos estructurales que amenazan su sostenibilidad. La pérdida de apoyos estatales, la reducción de recursos, y el aumento de la demanda social han puesto en riesgo la continuidad de muchas de ellas. Sin embargo, en este contexto complejo, las organizaciones siguen siendo un motor vital para la transformación social, sosteniendo espacios de acompañamiento, alimentación, educación, economía popular y contención comunitaria. Participando en espacios como el panel de expertos de Ambiente Habilitante, coordinado por PAMPA 2030 y Red Encuentro, en el marco de un programa global de la Unión Europea, desde CREAS aportamos una mirada basada en la experiencia cotidiana junto a estas organizaciones. El Ambiente Habilitante (AH) es el conjunto de condiciones políticas, sociales, económicas y culturales que permiten que las organizaciones de la sociedad civil (OSC) desarrollen su labor con libertad, seguridad y sostenibilidad. Estas condiciones favorecen que la sociedad civil pueda organizarse, expresarse y participar activamente en la construcción de comunidades más justas, equitativas y democráticas. Un ambiente habilitante saludable se sostiene sobre cuatro pilares fundamentales: libertades cívicas, marcos legales adecuados, acceso a recursos sostenibles y una cultura pública que reconozca y valore el rol social de las organizaciones. Cuando estos pilares se debilitan, se reduce la capacidad de las organizaciones para incidir, se limitan sus voces y, con ello, se empobrece la vida democrática en su conjunto. “Nuestra contribución a este espacio tiene que ver con el apoyo y acompañamiento que hacemos a las organizaciones de base, iglesias y movimientos que sostienen el trabajo social todos los días, incluso en condiciones adversas”, explica Rosaura Andiñach, coordinadora del Fondo de Pequeños Proyectos de CREAS y participante del panel de expertos del proyecto. Monitorear, aprender y construir evidencia   El monitoreo del Ambiente Habilitante tiene como objetivo identificar las condiciones que favorecen o limitan la acción de las organizaciones. A través de paneles de expertos y procesos participativos, se recopilan datos, testimonios y análisis que permiten elaborar diagnósticos nacionales y comparativos entre países. Este monitoreo es una herramienta política y social. Reúne evidencias sobre cómo las políticas públicas, las leyes, las prácticas institucionales y los contextos económicos afectan la capacidad de acción de las OSC. En palabras de Rosaura Andiñach, quien representó a CREAS en este espacio: “Estos procesos nos permiten ver el panorama más amplio, conocer qué está pasando en otros sectores —universidades, sindicatos, movimientos de mujeres, pueblos indígenas— y darnos cuenta de que todos enfrentamos desafíos similares. Juntar evidencia también es una forma de visibilizar y defender el trabajo de la sociedad civil.” El aporte de CREAS   Desde su experiencia de 25 años acompañando al trabajo social de las iglesias y organizaciones comunitarias en América Latina, CREAS aporta una perspectiva territorial y de fe comprometida con el desarrollo sostenible y la paz social y ambiental. El trabajo cotidiano con organizaciones del Gran Buenos Aires, Córdoba y Rosario del Fondo de Pequeños Proyectos permite conocer de primera mano los desafíos que enfrentan las organizaciones en los barrios. En los últimos años, el deterioro de las condiciones económicas, la pérdida de recursos estatales y el aumento de la demanda social han afectado su sostenibilidad y capacidad de acción. “Muchas organizaciones están sosteniendo con mucho esfuerzo su trabajo comunitario. Vemos cómo las mujeres, cuidadoras y cocineras populares, continúan organizándose a pesar de las dificultades. Participar en el monitoreo del ambiente habilitante es una forma de visibilizar esa realidad y de insistir en la necesidad de políticas públicas que fortalezcan a quienes trabajan todos los días por la justicia social”, agrega Rosaura. “las organizaciones de la sociedad civil cuando se organizan siempre son un motor para la transformación de las sociedades”   Garantizar un ambiente habilitante sólido es una condición esencial para la democracia y la convivencia en paz. Las sociedades democráticas se construyen con participación, con voces diversas, con ciudadanía activa. Cuando las organizaciones de la sociedad civil cuentan con recursos, seguridad y reconocimiento, pueden cumplir plenamente su misión y generar transformaciones duraderas en sus territorios. Cuanto más fortalecidas estén, mayor será su capacidad de acción y sus capacidades de intervención. Esta acción se desarrolla dentro de los marcos regulatorios establecidos y en articulación con las diferentes instancias del Estado y otras instituciones y actores. “las organizaciones de la sociedad civil cuando se organizan siempre son un motor para la transformación de las sociedades” concluyó Rosaura. Nuestro compromiso   Para CREAS, participar en espacios como el del Ambiente Habilitante es una manera de reafirmar su misión de acompañar y fortalecer a las organizaciones de base y el trabajo social de las iglesias para la dignidad de todas las personas y el cuidado de la Casa Común. Fortalecer el ambiente habilitante implica reconocer que la sociedad civil es un actor esencial para la convivencia democrática. Las organizaciones locales, cuando cuentan con condiciones para sostenerse, articularse y proyectar su trabajo, son motores de transformación: promueven la inclusión, la equidad y la participación, y ayudan a construir comunidades más justas, pacíficas y solidarias. En un contexto de incertidumbre, apostar por entornos favorables para la acción colectiva es también apostar por el fortalecimiento de la democracia y por una paz que se construye desde lo comunitario, en el compromiso cotidiano de las organizaciones con sus territorios.

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Capacitación, trabajo digno y fortalecimiento comunitario

La cooperativa Mujeres Solidarias nació en Rosario, Argentina, en 2002 como respuesta organizada y asociativa de quince mujeres de frente a los efectos socio económicos que la crisis de 2001 había dejado en la comunidad del barrio Larrea. Desde entonces la cooperativa promueve iniciativas que apunten a mejorar la calidad de vida de la población, y que creen vínculos comunitarios de solidaridad y participación social. Este año con el apoyo del Fondo Pequeños Proyectos de CREAS, Mujeres Solidarias llevó adelante un proyecto de formación que buscó dar respuesta a la precarización laboral y la falta de empleo registrado que afecta a un gran número de vecinos y vecinas de la comunidad. La propuesta tuvo como objetivo brindar oportunidades laborales y promover la autonomía económica de las familias, fortaleciendo a su vez la economía social del barrio. De acuerdo con Laura Sisto y Susana Olive, quienes coordinan el espacio, este proyecto nace en un contexto similar al de 2001 “sin embargo esta crisis nos agarra a nosotras organizadas, eso nos facilita los procesos frente a esa época en la que recién nos estábamos formando, ahora contamos con un espacio físico que nos da estabilidad y proyección a largo plazo, además de todo el conocimiento que hemos adquirido en estos años”. La cooperativa ya ofrecía cursos de capacitación en distintos rubros como corte y confección, moldería, cuidado de niños y niñas y gestión administrativa para cooperativas, y con esta iniciativa se proyectaron a ofrecer formación en panificados y pastelería, un taller que la comunidad demandaba desde hace unos años. “Para nosotras era un desafío arrancar con el taller de pastelería, no sabíamos mucho del tema y no contábamos con el espacio adecuado para hacerlo, pero las chicas lo anhelaban. Este proyecto apoyado por CREAS, fue una oportunidad. Algunas mujeres le tienen miedo a la máquina de coser, en cambio amasar es natural” contó Laura. Los talleres   Los talleres, organizados bajo la lógica de “aprender haciendo”, ofrecieron capacitaciones en manipulación de alimentos, normas de higiene y seguridad, manejo de maquinaria industrial, técnicas de producción en alta escala, elaboración de masas, panificación, pastelería, costos y marketing, además de instancias de presentación de productos, construcción de redes asociativas y trabajo en equipo. La planificación se ajustó en función de los productos más demandados por las alumnas y sus posibles clientes, potenciando así las oportunidades de comercialización. “El taller superó nuestras expectativas, la mayor distinción para nosotras es que las personas quieran seguir viniendo y enfrentar nuevos desafíos. Llegaron más personas de las que esperábamos, se fue corriendo la voz en el barrio y pudimos recibirlas y capacitar a todas las que llegaban” Laura Sisto. Además de la capacitación, desde Mujeres Solidarias valoran lo que pasó con las personas que participaron de los talleres “Son personas que vienen de situaciones de marginalidad y maltrato, siempre a la defensiva y muy combativas. A través del saber pudieron modificar su conducta. El afecto del entorno que reciben acá las hace superarse, comprenderse y acompañarse en las dificultades con los vínculos familiares” contó Susana. “Alimentando nuestro futuro y tejiendo redes en comunidad”   Los resultados del proyecto fueron exitosos: 34 personas se formaron y hoy, gracias a los saberes adquiridos, han mejorado su empleabilidad, se crearon emprendimientos familiares autogestivos y que generan ingresos propios. De este proceso surgieron tres emprendimientos de pastelería y panificación que funcionan de manera asociativa, consolidando una alternativa real de trabajo digno en la comunidad. Quienes se capacitaron en este primer taller serán quienes formen a los próximos grupos en panadería y pastelería. Además de los logros individuales y colectivos, el proyecto significó un fortalecimiento institucional para la cooperativa como centro de capacitación barrial. Se incorporaron nuevas herramientas y equipamiento, como una mesa de acero inoxidable y hornos industriales, que permiten mejorar la calidad de la formación y ampliar la capacidad productiva. Contar con un espacio dedicado exclusivamente a la cocina para panificación y personas formadas en el tema, representa un avance clave para sostener y expandir las actividades. Desde CREAS, apoyamos a iniciativas con impacto en la economía de las personas y en las comunidades, la sustentabilidad de las organizaciones territoriales, y como una contribución al desarrollo local y a la convivencia comunitaria. Desde nuestra identidad de organización basada en la fe, contribuimos así a la dignificación de la vida en las comunidades.

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Taller de evaluación de proyectos comunitarios

CREAS llevó adelante el Taller de Evaluación de Proyectos Comunitarios, que se desarrolló en dos instancias complementarias. La primera, de carácter virtual e introductoria, se realizó el pasado 7 de agosto y tuvo una duración de dos horas. La segunda fue presencial y tuvo lugar el 13 de agosto en la Casa de Encuentros Sagrado Corazón. El taller estuvo a cargo de Rosaura Andiñach, coordinadora del Fondo de Pequeños Proyectos, y Deborah Petcoff, coordinadora de Procesos Comunitarios, y contó con la participación de nueve organizaciones comunitarias, cooperativas e iglesias del Gran Buenos Aires. El objetivo principal fue fortalecer las capacidades de las organizaciones mediante herramientas de gestión y acompañar la implementación de sus proyectos a través de una propuesta de formación en evaluación diseñada para pequeños proyectos de organizaciones que abordan problemáticas comunitarias. Esta iniciativa se enmarca en la estrategia de intervención de CREAS con las organizaciones e iglesias, que combina tres componentes: apoyo económico, instancias de capacitación y espacios de articulación e intercambio. El Fondo de Pequeños Proyectos, además de ser un mecanismo de apoyo financiero, busca fortalecer a las organizaciones mediante capacitaciones y encuentros que fomenten el trabajo en red y el intercambio de experiencias. “Las organizaciones comunitarias desarrollan todos los días un montón de actividades para la atención y cuidado de las personas que asisten a ellas. Con pocos recursos económicos y personal diezmado siguen organizándose para llevar a sus barrios alguna propuesta que promueva los derechos vulnerados de la población que los rodea. Consideramos la evaluación como una parte esencial del proyecto, pero que muchas veces no queda el tiempo suficiente para realizarla, y se hace rápido, sin mucha planificación. Buscamos dar herramientas para que esa evaluación se pueda planificar con más detalle durante la formulación del proyecto. Planificarla de antemano permite hacer un monitoreo más preciso, y recolectar datos con anticipación, para que el momento de la evaluación sea más llevadero y concreto. Una mejor evaluación de los proyectos le permitirá a las organizaciones mejorar sus programas, aprender de sus acciones y diseñar nuevas propuestas basadas en evidencia”. Deborah Petcoff, Coordinadora de Procesos Comunitarios

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Puente del Sur: economía social y trabajo cooperativo

La Cooperativa Puente del Sur nace en 2003 de la iniciativa de un grupo de trabajadores que decidió generar su propia fuente de ingresos, con trabajo digno, en un contexto marcado por la crisis del 2001. En un escenario donde la economía popular, social y solidaria crecía con fuerza, fábricas recuperadas, pequeños productores, organizaciones barriales y cooperativas, muchos de estos emprendimientos carecían de canales de comercialización adecuados. Puente del Sur llegó para cubrir ese vacío y poner en circulación productos elaborados por unidades productivas autogestivas. Para acercar productos elaborados por unidades productivas autogestivas a los hogares. Desde entonces, la organización se dedica a la comercialización de productos, principalmente de la canasta básica, elaborados por emprendimientos de la economía social y solidaria de distintas regiones del país. Su catálogo incluye alimentos, productos textiles, editoriales, de limpieza, cuidado corporal y juguetes, entre otros. “Creemos que son fundamentales las comercializadoras como Puentes del Sur en las que que proponemos un modelo alternativo a las formas de consumo y producción y cumplimos ese rol importante de unir a la agricultura familiar y emprendimientos de la economía social con el consumo de alimentos del día a día” Lila, Puente del Sur Apostar al territorio y al trabajo local   Puente del Sur está ubicado en el barrio Villa Udaondo, Ituzaingó (Oeste del Gran Buenos Aires). Uno de los objetivos que se propuso el grupo de mujeres que lleva adelante la cooperativa fue fortalecer su vínculo con el territorio. Quisieron sumar emprendimientos locales a su red de comercialización y promover el trabajo cooperativo en la zona. Para eso, era necesario restaurar su local y transformarlo de un depósito a un espacio abierto al público. Gracias al apoyo del Fondo de Pequeños Proyectos de CREAS, pudieron concretar mejoras edilicias: mobiliario nuevo, cortinas automatizadas, mejor organización del espacio y condiciones de trabajo más seguras para las asociadas. Estas reformas facilitaron la apertura del local a la comunidad y dieron mayor visibilidad a la cooperativa en el barrio. Más ventas, más comunidad     Los cambios se notaron rápidamente. Las ventas en el local aumentaron un 20% en comparación con el mismo período del año anterior. A esto se sumó la incorporación de cuatro nuevos emprendimientos productivos locales al catálogo de la comercializadora: Fuega, Panificados Estefanía, Integral Trigas y Alto Bondi Serigrafía. Sostener el trabajo   En medio del actual panorama económico, estas acciones permitieron sostener y proyectar la tarea de Puente del Sur como cooperativa. Las mejoras en el local no sólo optimizaron el espacio de trabajo, sino que reforzaron el sentido de pertenencia y el compromiso con una forma de trabajo que promueve la inclusión, el consumo responsable y el fortalecimiento de las redes locales. “Tuvimos que sentarnos a pensar cuales son las necesidades del espacio, de nosotras como grupo, priorizarlas y ser conscientes de poder llevarlo a la realidad. Invertir el dinero en cosas que hagan que vuelva. Además, aprendimos a trabajar en grupo, nos formamos y enfrentamos los desafíos pensando siempre en el bienestar de todas y de la cooperativa” Gabriela Torres, Puente del Sur La cooperativa sigue creciendo y tienen la expectativa de mejorar aún más sus condiciones de trabajo y optimizar sus procesos administrativos para que los productos lleguen a más personas. y para que todas las mujeres que hacen parte de Puente puedan tener su trabajo en la cooperativa como su fuente de ingreso principal.

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Campo Desde el Pie: trabajo cooperativo y soberanía alimentaria

“Campo desde el pie” es un pequeño emprendimiento que nació de una necesidad concreta: evitar el desperdicio de alimentos. En el predio del mismo nombre, ubicado en Villa San Luis, Florencio Varela , el grupo “Campillo”, parte del Frente de Organizaciones en Lucha -FOL-,lleva adelante la siembra y venta de frutas y verduras agroecológicas. Sin embargo, la producción superaba ampliamente la demanda. Donaron a comedores, regalaron productos, pero aún así el excedente persistía. Frente a esto, surgió una solución creativa: elaborar berenjenas al escabeche. Luego vinieron los tomates, con los que prepararon mermeladas, y así, con cada nuevo fruto, nacía una conserva o mermelada más, que hoy forma parte del catálogo de productos del emprendimiento. “Nos entusiasmamos, dijimos esto va, nos sale rico, es alimento. Lo interiorizamos, estábamos sin laburo o con laburos precarios y empezamos a aprender, a hacer distintos cursos para poder llevarlo adelante” Cintia Galiñanes, referente de Campo desde el Pie Además de la producción agroecológica, el predio cuenta con una pequeña producción apícola y avícola, integradas bajo una lógica cooperativa que apuesta a consolidar una unidad productiva diversificada, con potencial de crecimiento y sostenibilidad. “Como grupo estamos aprendiendo muchas cosas sobre soberanía alimentaria y producción ecológica, que sea amigable con el medio ambiente y con nosotros mismos. Son desafíos que tenemos constantemente. Las seis personas que integramos este grupo venimos de producir en la ciudad y estamos aprendiendo a vivir en y del campo.” Cintia Galiñanes Campo desde el Pie busca generar fuentes de empleo sustentables y de calidad, promoviendo al mismo tiempo hábitos alimentarios saludables. Gracias al apoyo del Fondo de Pequeños Proyectos de CREAS, el grupo pudo remodelar la cocina y convertirla en un espacio adecuado para la elaboración de conservas y mermeladas. También pudieron adquirir utensilios e insumos que optimizan y hacen más segura la producción. El proyecto incluyó además la compra de los elementos necesarios para avanzar con la producción apícola, permitiendo poner en práctica los conocimientos adquiridos en el curso “Mi primera colmena”, realizado por integrantes del equipo. Con esta incorporación, podrán comenzar a cosechar miel para su comercialización, y utilizar la cera producida por las abejas para elaborar paños de cera, una alternativa ecológica al papel film. “Si bien la producción apícola todavía no genera ingresos porque los tiempos de la naturaleza son distintos, requiere un año o año y medio de inversión de trabajo, gracias al apoyo de CREAS podemos quedarnos tranquilos de que tenemos lo necesario para producir de acuerdo a los tiempos que demanda la naturaleza. Ahora no es nuestro principal ingreso, pero tenemos la expectativa de que lo sea en el futuro.” Cintia El Fondo de Pequeños Proyectos apoya iniciativas como Campo desde el Pie, que integran economía popular, soberanía alimentaria y organización comunitaria, promoviendo redes locales que fortalecen a las comunidades y abren nuevas posibilidades para una vida digna.

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