Carmina Sanchez

Humberto Shikiya, socio y Director General Emérito de CREAS, galardonado con el Premio Mundial Metodista de la Paz 2026

English version below En el marco de la reunión del Concilio Mundial Metodista que se celebrará en agosto de este año, Humberto Shikiya, miembro laico de la Iglesia Evangélica Metodista Argentina, y socio y director general emérito de CREAS, recibirá el prestigioso Premio Mundial Metodista de la Paz 2026. Este galardón, establecido en 1976 y otorgado en el pasado a figuras de la talla de Nelson Mandela y las Abuelas de Plaza de Mayo, reconoce el compromiso de Humberto Shikiya con la construcción de paz, la justicia y la reconciliación en América Latina, especialmente desde su rol actual como acompañante y facilitador en las Mesas de Diálogo de Paz en Colombia. En 2022, el recientemente electo presidente de Colombia Gustavo Petro, invitó al Consejo Mundial de Iglesias a acompañar el Proceso de Paz del país. La designación de Humberto Shikiya como Enviado Especial del CMI para los diálogos de paz en Colombia responde a sus más de 20 años de labor en el país junto a iglesias y redes ecuménicas. Su trayectoria incluye además su contribución en la elaboración de la Política Pública de Libertad Religiosa y de Culto durante el gobierno de Juan Manuel Santos en 2018, la cual reconoció formalmente a todos los actores religiosos como constructores de paz. Inspirados a la construcción de paz y la reconciliación desde los jóvenes y desde las comunidades   La visión y el testimonio de Humberto Shikiya han sido clave para CREAS en el desarrollo de su estrategia enfocada en las temáticas de construcción de paz y reconciliación, fortaleciendo la cooperación entre iglesias, comunidades de fe, organizaciones basadas en la fe y organizaciones comunitarias para el fortalecimiento de liderazgos y la implementación de acciones con impacto territorial por parte de actores de fe. En particular, Humberto Shikiya ha inspirado y acompañado a Ikuméni, el Laboratorio de Buenas Prácticas Ecuménicas e Interreligiosas, que ha formado a más de 500 jóvenes líderes de América Latina y el Caribe a una cultura de paz y reconciliación, diálogo, hospitalidad y cooperación a través de la realización de iniciativas locales y comunitarias. Al otorgarle esta distinción, el Concilio Mundial Metodista da reconocimiento a la trayectoria personal de compromiso y servicio de Humberto Shikiya, quien al recibirlo, reafirma el compromiso de CREAS de seguir trabajando por la paz justa y duradera desde la fe, el ecumenismo, la cooperación interreligiosa y el servicio comunitario. Humberto Shikiya, Associate and  General Director Emeritus of CREAS, awarded the 2026 World Methodist Peace Award   During the World Methodist Council meeting to be held this August, Humberto Shikiya—a lay member of the Evangelical Methodist Church of Argentina, and partner and general director emeritus of CREAS—will receive the prestigious 2026 World Methodist Peace Award. Established in 1976 and previously awarded to prominent figures such as Nelson Mandela and the Grandmothers of the Plaza de Mayo, this award recognizes Shikiya’s commitment to peacebuilding, justice, and reconciliation in Latin America, particularly in his current role as an advisor and facilitator in the Colombian Peace Dialogue Tables. In 2022, the newly elected President of Colombia, Gustavo Petro, invited the World Council of Churches (WCC) to accompany the country’s peace process. Shikiya’s appointment as WCC Special Envoy for the peace dialogues in Colombia reflects his more than 20 years of work in the country alongside churches and ecumenical networks. His career also includes contributing to the development of the Public Policy on Freedom of Religion and Worship under Juan Manuel Santos’ administration in 2018, which formally recognized all religious actors as peacebuilders. Inspiring youth and communities toward peacebuilding and reconciliation   Shikiya’s vision and witness have been foundational to CREAS in developing its strategy focused on peacebuilding and reconciliation. This approach strengthens cooperation among churches, faith communities, faith-based organizations, and community groups to foster leadership and implement localized actions led by faith actors. In particular, Shikiya has inspired and guided Ikuméni—the Ecumenical and Interreligious Best Practices Laboratory—which has already trained more than 500 young leaders from Latin America and the Caribbean in a culture of peace, reconciliation, dialogue, hospitality, and cooperation through local and community initiatives. By granting this distinction, the World Methodist Council honors Humberto Shikiya’s lifelong journey of commitment and service. In receiving the award, he reaffirms CREAS’s commitment to continue working toward a just and lasting peace rooted in faith, ecumenism, interreligious cooperation, and community service.

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Tienda La Pallamay: identidad y trabajo colectivo

La Pallamay es una experiencia colectiva que reúne a mujeres emprendedoras comprometidas con la construcción de alternativas económicas basadas en la cooperación, la solidaridad y el trabajo en red. A través de su tienda colectiva y de diversas iniciativas de comercialización y formación, la organización impulsa espacios que fortalecen la economía social y solidaria, promoviendo el desarrollo de capacidades, la autonomía económica y la participación comunitaria. Acompañado por el Fondo de Pequeños Proyectos de CREAS, la iniciativa “La Pallamay: Construcción de Identidad y Valor Colectivo en la Tienda y la Feria Educativa” busca fortalecer tanto los espacios de venta impulsados por la organización, como las capacidades organizativas, los vínculos comunitarios y el sentido de pertenencia que sostienen esta experiencia colectiva desde hace más de una década. La Pallamay está integrada por mujeres emprendedoras, en su mayoría egresadas o integrantes de la comunidad educativa del Centro de Formación Profesional N.° 406 de Quilmes – Isabel Pallamay (que toma su nombre de Isabel Pallamay, líder indígena reconocida como la primera mujer en acceder al cacicazgo dentro de cualquier nación indígena sudamericana). Sus producciones abarcan una amplia diversidad de rubros, entre ellos Textiles Marroquinería Juguetes Cosmética natural Gráfica y servicios de comunicación. Para muchas de las integrantes de La Pallamay, sus emprendimientos representan una fuente fundamental de ingresos y una herramienta para mejorar la economía de sus hogares. En un contexto de profunda crisis económica y con la caída del consumo, la economía social y solidaria enfrenta desafíos para que sus emprendimientos sean sostenibles. Fortalecer los canales de comercialización, las capacidades de gestión y las redes se vuelve clave para mantener estos procesos en el tiempo. Más que comercialización   Actualmente, la organización gestiona una tienda colectiva que funciona como espacio de comercialización, encuentro y aprendizaje compartido. Allí, las emprendedoras organizan de manera colaborativa la atención del local, la exhibición de productos y las tareas de gestión, fortaleciendo prácticas de cooperación y construcción colectiva. Sin embargo, el proyecto busca ir más allá de la comercialización. Uno de sus principales aportes consiste en generar un proceso de reflexión y fortalecimiento organizacional que permita consolidar una identidad colectiva común, reafirmando valores vinculados a la solidaridad, la reciprocidad, la democracia participativa y el trabajo en red. “La posibilidad de detenerse a reflexionar sobre lo que se viene haciendo, lo que se quiere transformar y los caminos a seguir constituyen en sí misma una herramienta de fortalecimiento organizacional”, dicen desde la organización.   Formación y articulación en red   El proyecto también busca fortalecer las capacidades comerciales de La Pallamay mediante el desarrollo de materiales de comunicación, mejoras en los espacios de venta y la reactivación de la Feria Educativa de Economía Social y Solidaria, una iniciativa que dio origen al colectivo y que históricamente funcionó como espacio de encuentro entre emprendimientos, organizaciones e instituciones educativas. La recuperación de este espacio permitirá ampliar la visibilización de los productos, generar nuevas oportunidades de comercialización y fortalecer los vínculos con la comunidad. Además, la feria se proyecta como un ámbito abierto para la participación de otras organizaciones de la economía social y solidaria, promoviendo el intercambio de saberes, la cooperación y el trabajo en red. Otro aspecto clave del proyecto es su dimensión formativa y comunicacional. Con el acompañamiento de la Incubadora Universitaria en Diseño y Comunicación de la Universidad Nacional de Quilmes y de la Cooperativa de Comunicación Tramas, las participantes fortalecerán capacidades en herramientas digitales, comunicación, diseño e identidad organizacional. A través de espacios de formación y trabajo participativo, se desarrollarán recursos que permitan visibilizar mejor la experiencia de La Pallamay, comunicar sus valores y consolidar una identidad colectiva compartida. Entre las acciones se incluyen la elaboración de un manual de marca y el diseño de herramientas de comunicación orientadas a fortalecer el sentido de pertenencia, la proyección institucional y el posicionamiento de la organización. Estas acciones buscan fortalecer capacidades que trascienden el proyecto puntual y que podrán seguir siendo utilizadas por las emprendedoras en el desarrollo de sus iniciativas productivas y comerciales. Más allá de los resultados económicos, el proyecto apuesta a consolidar espacios donde la producción, la educación y la comunidad se articulen desde una perspectiva basada en la cooperación y la sostenibilidad. En este sentido, la tienda colectiva y la feria son también lugares de encuentro, aprendizaje y construcción de ciudadanía. A través de este proceso, La Pallamay continúa fortaleciendo una experiencia colectiva que demuestra el potencial de la economía social y solidaria para generar oportunidades, ampliar derechos y construir alternativas sostenibles desde los territorios.  

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El camino de Yarará hacia la sostenibilidad

La Cooperativa de Trabajo 26 de Junio nació a partir de la organización comunitaria y vecinal en barrios populares, con el objetivo de generar oportunidades laborales para personas excluidas del mercado formal. Desde sus inicios, el trabajo colectivo y el oficio de la costura se convirtieron en herramientas esenciales para construir alternativas económicas y comunitarias en contextos atravesados por la desigualdad. El taller textil funciona en Villa Itatí, Quilmes, uno de los barrios populares más grandes del conurbano bonaerense, donde miles de familias enfrentan cotidianamente dificultades vinculadas al empleo, las condiciones de vida y el acceso a servicios básicos. En este escenario, la cooperativa se fue consolidando como un espacio de labor, cuidado y construcción social. La mayoría de sus integrantes son mujeres, muchas de ellas jefas de hogar que sostienen económicamente a sus familias, por lo que ocupan un lugar central en las tareas operativas, la organización diaria, la planificación y los procesos de formación de los que hacen parte, sea enseñando a sus compañeras o recibiendo conocimientos que les hacen falta. A través de distintos programas públicos orientados al desarrollo del trabajo y la economía social, la 26 de Junio adquirió sus primeras máquinas y conformó el grupo inicial de confección. Los primeros encargos fueron arreglos de ropa para vecinos de la zona, para luego avanzar hacia procesos de mayor escala, como la fabricación de guardapolvos y pintorcitos para organismos públicos nacionales y provinciales. Sin embargo, el desmantelamiento de diversas políticas públicas dirigidas al sector cooperativo comenzaron a impactar fuertemente en la viabilidad del espacio. La reducción de pedidos institucionales, la crisis general y la apertura de importaciones profundizaron las dificultades para mantener los ingresos y garantizar la estabilidad laboral. Frente a este escenario, y a través de dos proyectos apoyados por el Fondo de Pequeños Proyectos de CREAS, la organización dio impulso a un proceso de revitalización productiva y organizativa del taller y de su marca Yarará, buscando construir mejores condiciones de autonomía y sustentabilidad. El primer proyecto tuvo como propósito fortalecer el área de fabricación y comercialización del taller para mejorar las condiciones de vida de sus integrantes y de la comunidad. Desde la cooperativa destacan que este proceso fue clave para comenzar a proyectar la viabilidad del espacio, afianzando la dinámica interna y las ventas. Uno de los principales logros fue la reactivación de una producción autónoma, disminuyendo la dependencia de los programas públicos que durante años sostuvieron gran parte de la actividad. Este paso permitió planificar líneas de trabajo propias, definir metas comunes y reorganizar tareas y responsabilidades dentro del espacio. Durante esta etapa se confeccionaron artículos específicos como guardapolvos escolares, remeras conmemorativas y prendas con estampas vinculadas a motivos argentinos. Toda la producción fue distribuida a través de canales propios y comercializadoras solidarias. Fue precisamente en esta fase donde nació el nombre Yarará, fruto de una labor de comunicación y marketing que las trabajadoras realizaron en conjunto con asesores de la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ). Mediante este proceso, además de definir la identidad de la marca, crearon colectivamente su logotipo y activaron las redes sociales. Además de los avances técnicos, la organización destaca transformaciones importantes en términos organizativos. Los espacios de formación y encuentro afianzaron el compromiso de las integrantes, generaron un mayor sentido de pertenencia y permitieron construir respuestas colectivas frente a las problemáticas cotidianas que atraviesan la vida de las integrantes y sus familias. Como continuidad de este camino surgió el segundo proyecto, titulado “Construyendo sostenibilidad”, diseñado como una nueva etapa para profundizar y consolidar los avances alcanzados previamente. El objetivo de esta segunda iniciativa es contribuir al sostenimiento de la marca Yarará y del taller mediante el afianzamiento de las condiciones operativas y organizacionales. Si bien durante los primeros años se logró mejorar la capacidad técnica y administrativa, además de instalar la marca, la cooperativa identificó la necesidad de seguir trabajando sobre ejes estratégicos para sostener el crecimiento. Entre los principales desafíos actuales aparecen la planificación de colecciones por temporada, la optimización de los mecanismos de control de calidad, el fortalecimiento de roles y funciones internas, y el desarrollo de estrategias de venta adaptadas a las necesidades de las propias trabajadoras. En ambos proyectos, el acompañamiento de la Universidad Nacional de Quilmes ha resultado fundamental. La institución colabora en instancias de asistencia técnica, talleres de formación, estrategias de comercialización y posicionamiento de marca, además de facilitar el ingreso de Yarará a CHASQUI, una plataforma virtual de venta para emprendimientos de la economía social. Asimismo, la articulación con la Unión de Trabajadores y Trabajadoras de la Economía Popular (UTEP) y su Federación Textil permitió ampliar las redes de trabajo, acceder a nuevos pedidos y dar mayor visibilidad a la experiencia cooperativa. Actualmente, la Yarará continúa apostando por consolidar un modelo de gestión autogestionado y comunitario, en un contexto económico complejo que impacta especialmente sobre las mujeres trabajadoras y las experiencias de la economía popular.

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La paz que atraviesa el miedo

Al atardecer de aquel primer día de la semana, los discípulos se encontraban con las puertas cerradas por miedo. En medio de esa incertidumbre y desánimo, Jesús se puso en medio y les dijo: «La paz esté con ustedes» (Jn 20,19). Hoy, en América Latina y el Caribe y en el mundo entero, muchas puertas también parecen cerradas por el temor. Vivimos en un contexto de guerras y conflictos, donde la violencia a menudo se presenta como la única respuesta. Sin embargo, la celebración de la resurrección de Jesús nos recuerda la promesa de que estará con nosotros hasta el fin de los tiempos. La última palabra no la tiene la violencia ni la muerte, sino el Dios de la Vida. La Paz de Cristo se hace presente, atraviesa barreras y muros, y nos permite reconocer y elegir nuevamente el bien. Cristo nos recuerda que la paz nace de la humildad y renuncia al dominio sobre los demás, se niega a tomar las armas, y a transformar las palabras en armas. La Paz Justa invita a las comunidades a sembrar Vida en medio del dolor mediante el diálogo y la solidaridad que levanta al hermano y la hermana que cae. En esta Pascua, celebremos la certeza de que Jesús resucitado sigue caminando junto a nosotros, invitándonos a ser testigos de una paz que resiste a la violencia y transforma nuestro sentir, pensar y actuar, para amar incluso en tiempos difíciles. Que la luz del Resucitado nos anime a abrir caminos de dignidad, a tender manos y a vivir como pueblos que han ensanchado su corazón para abrazar la esperanza. ¡Felices Pascuas de Resurrección!

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Mujeres que transforman: iniciativas comunitarias que aportan a la construcción de una vida digna y la paz

Marzo nos invita, una vez más, a poner en el centro la realidad de las mujeres y la necesidad de seguir construyendo condiciones para sostener la Vida en dignidad. En CREAS entendemos este compromiso como una práctica sostenida a lo largo del tiempo. A través del Fondo de Pequeños Proyectos acompañamos a organizaciones comunitarias e iglesias con iniciativas que nacen en los territorios en búsqueda de soluciones concretas que promuevan la vida en plenitud. Varias de estas iniciativas son impulsadas por mujeres que organizan, producen, enseñan, contienen y generan oportunidades en contextos atravesados por desigualdades profundas. Allí donde el acceso al trabajo digno, a la vivienda o a recursos básicos se vuelve incierto, son muchas veces ellas quienes sostienen procesos comunitarios con creatividad y perseverancia. Durante este período acompañamos iniciativas que impulsan la transformación en las comunidades: Grupo de Mujeres Dulceras – Cooperativa La Campesina (Córdoba) El proyecto fortaleció la producción colectiva de dulces artesanales, consolidando la organización interna del grupo y mejorando sus prácticas productivas. Aun en un contexto de crisis económica y caída del consumo, las mujeres sostuvieron el emprendimiento y proyectan avanzar en infraestructura y certificaciones para ampliar su comercialización. Más que Puntadas – EPEBA (Buenos Aires) Espacio textil comunitario que permitió a mujeres del barrio desarrollar nuevas habilidades técnicas, innovar en terminaciones y participar en ferias locales. El proceso continúa en implementación, con el desafío de consolidar una marca propia que genere ingresos sostenibles y mayor autonomía económica. “Cocinando Estrategias I” – Delicias Jazmín (Buenos Aires) A partir de capacitaciones en panificados, repostería y comercialización, se conformó un emprendimiento productivo integrado actualmente por cinco mujeres. Más allá de la formación técnica, el proyecto fortaleció el trabajo grupal, la toma de decisiones colectivas y la generación de ingresos en un contexto adverso. Conectando Emprendimientos – Fundación Suyai (Pilar, Córdoba) La iniciativa brindó formación en alfabetización digital, marketing y oficios, permitiendo que mujeres y jóvenes adquieran herramientas concretas para la gestión de emprendimientos y generación de ingresos. Como proyección, la organización impulsa la creación de un Punto Digital Comunitario que dé continuidad al proceso. Hilando Historias – Abrigar Derechos Asociación Civil (CABA) Actualmente en etapa de implementación, el proyecto promueve la capacitación textil para mujeres y diversidades en situación de calle o en riesgo de estarlo. Se espera que el proceso derive en la conformación de una unidad productiva que fortalezca la autonomía económica, las redes de cuidado y la reconstrucción de trayectorias de vida. Estos procesos reafirman que cuando las mujeres acceden a recursos, formación y acompañamiento, se fortalecen sus proyectos de vida, se dinamizan economías locales, y se construyen redes comunitarias. Cada iniciativa acompañada es una apuesta por la autonomía, la organización colectiva y el derecho a una vida digna. Este 8 de marzo, desde CREAS renovamos nuestro compromiso con las iglesias y organizaciones comunitarias, y reconocemos el liderazgo de las mujeres como una fuerza que crea, sostiene y transforma la comunidad en contextos desafiantes.

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Organizaciones comunitarias e Iglesias locales pueden presentar propuestas a nuestro Fondo de Pequeños Proyectos

Abrimos una nueva convocatoria del Fondo de Pequeños Proyectos  -FPP-, una iniciativa orientada a acompañar y fortalecer a organizaciones comunitarias, iglesias y cooperativas que desarrollan acciones de impacto social en sus comunidades. El Fondo de Pequeños Proyectos combina apoyo económico con instancias de formación y acompañamiento, buscando potenciar capacidades locales, promover la organización comunitaria y contribuir a la construcción de comunidades más justas, solidarias y sostenibles. La convocatoria está dirigida a organizaciones que trabajan en áreas como economía social y solidaria,  fortalecimiento comunitario y organizacional,  y promoción de derechos. Las  iglesias y organizaciones comunitarias interesadas pueden descargar las bases de la convocatoria y acceder al formulario de postulación en el documento que se encuentra en el siguiente enlace:  FPP 2026_1. La recepción de proyectos estará abierta hasta el 6 de marzo.  

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Encuentro “Construir la mirada, ampliar el horizonte: Intencionar el cambio para potenciar lo colectivo”

El pasado miércoles 19 de noviembre, organizaciones comunitarias, cooperativas e iglesias apoyadas por el Fondo de Pequeños Proyectos de CREAS se reunieron en Casa Nazaret (CABA) para compartir experiencias, reflexionar sobre los desafíos actuales y pensar en conjunto nuevas formas de potenciar sus iniciativas. La jornada, bajo el título “Construir la mirada, ampliar el horizonte: Intencionar el cambio para potenciar lo colectivo”, convocó a referentes de ocho organizaciones del Gran Buenos Aires, Córdoba y Rosario que sostienen espacios de acompañamiento, inclusión, economía popular, educación y construcción de paz en sus comunidades. El espacio permitió identificar los hilos comunes que atraviesan a las organizaciones en entornos desafiantes: la sostenibilidad de sus propuestas, el impacto real de sus acciones y la necesidad de proyectar intervenciones que dialoguen con las transformaciones sociales, económicas y ambientales. Desde la premisa “¿cómo intencionamos nuestros proyectos para la vida colectiva que soñamos?” las y los participantes compartieron aprendizajes, inquietudes y perspectivas para fortalecer la incidencia de su labor cotidiana. “Hoy, en un contexto de crecientes violencias, se nos desafía a pensar estrategias que promuevan una cultura de paz y convivencia democrática. Poder reunir a las distintas organizaciones que acompañamos desde el FPP es siempre una oportunidad para intercambiar experiencias y reflexionar colectivamente sobre cómo abordarlo desde el trabajo comunitario”. Rosaura Andiñach, coordinadora del Fondo de Pequeños Proyectos Durante la jornada, las organizaciones presentaron experiencias que evidencian la importancia de la cooperación, la escucha y la organización comunitaria. Estas iniciativas mostraron cómo el trabajo en red permite alcanzar logros que trascienden lo individual, generando procesos sostenidos en el tiempo: iniciativas que acompañan a familias migrantes, espacios de formación para jóvenes, redes de cuidado, proyectos productivos y acciones para promover derechos y participación democrática. Cada caso abrió un diálogo sobre metodologías, desafíos y estrategias para ampliar el alcance y profundizar el sentido social y el impacto de las propuestas. Además de los intercambios grupales, cada organización trabajó sobre la planificación futura: cómo pensar intervenciones con mayor impacto, qué herramientas permitirían sostener los avances alcanzados y cómo fortalecer la mirada estratégica en los territorios. La diversidad de enfoques enriqueció el debate, reafirmando que la construcción colectiva requiere comprender la complejidad de los contextos y al mismo tiempo apostar por la creatividad y la cooperación. El encuentro culminó con una síntesis colaborativa, donde surgieron compromisos y deseos compartidos: seguir conectando experiencias, promover espacios de diálogo y acompañamiento mutuo, y continuar intencionando el cambio desde prácticas concretas que fomenten el diálogo y la convivencia en paz dentro de las comunidades. “Consideramos que estos espacios de intercambio son muy importantes y altamente productivos para las organizaciones que participan. En esta oportunidad, la reflexión conjunta permitió ampliar la mirada y reflexionar sobre cada una de las prácticas que se llevan a cabo en las organizaciones comunitarias. Estos encuentros colaboran con el fortalecimiento de redes comunitarias y dan lugar a nuevas conexiones que permitirán avanzar en líneas de trabajo ya conocidas, pero también en otras que no habían sido consideradas y que surgieron de las conversaciones entre los y las participantes”. Deborah Petcoff, Coordinadora de procesos comunitarios Desde CREAS seguimos apostando a los procesos socio comunitarios como una manera de trabajar en la promoción de la vida digna, la convivencia y el cuidado del medio ambiente.  

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Ambiente habilitante para la democracia y convivencia en paz

En Argentina, como en buena parte de América Latina, las organizaciones sociales, comunitarias, cooperativas e iglesias enfrentan desafíos estructurales que amenazan su sostenibilidad. La pérdida de apoyos estatales, la reducción de recursos, y el aumento de la demanda social han puesto en riesgo la continuidad de muchas de ellas. Sin embargo, en este contexto complejo, las organizaciones siguen siendo un motor vital para la transformación social, sosteniendo espacios de acompañamiento, alimentación, educación, economía popular y contención comunitaria. Participando en espacios como el panel de expertos de Ambiente Habilitante, coordinado por PAMPA 2030 y Red Encuentro, en el marco de un programa global de la Unión Europea, desde CREAS aportamos una mirada basada en la experiencia cotidiana junto a estas organizaciones. El Ambiente Habilitante (AH) es el conjunto de condiciones políticas, sociales, económicas y culturales que permiten que las organizaciones de la sociedad civil (OSC) desarrollen su labor con libertad, seguridad y sostenibilidad. Estas condiciones favorecen que la sociedad civil pueda organizarse, expresarse y participar activamente en la construcción de comunidades más justas, equitativas y democráticas. Un ambiente habilitante saludable se sostiene sobre cuatro pilares fundamentales: libertades cívicas, marcos legales adecuados, acceso a recursos sostenibles y una cultura pública que reconozca y valore el rol social de las organizaciones. Cuando estos pilares se debilitan, se reduce la capacidad de las organizaciones para incidir, se limitan sus voces y, con ello, se empobrece la vida democrática en su conjunto. “Nuestra contribución a este espacio tiene que ver con el apoyo y acompañamiento que hacemos a las organizaciones de base, iglesias y movimientos que sostienen el trabajo social todos los días, incluso en condiciones adversas”, explica Rosaura Andiñach, coordinadora del Fondo de Pequeños Proyectos de CREAS y participante del panel de expertos del proyecto. Monitorear, aprender y construir evidencia   El monitoreo del Ambiente Habilitante tiene como objetivo identificar las condiciones que favorecen o limitan la acción de las organizaciones. A través de paneles de expertos y procesos participativos, se recopilan datos, testimonios y análisis que permiten elaborar diagnósticos nacionales y comparativos entre países. Este monitoreo es una herramienta política y social. Reúne evidencias sobre cómo las políticas públicas, las leyes, las prácticas institucionales y los contextos económicos afectan la capacidad de acción de las OSC. En palabras de Rosaura Andiñach, quien representó a CREAS en este espacio: “Estos procesos nos permiten ver el panorama más amplio, conocer qué está pasando en otros sectores —universidades, sindicatos, movimientos de mujeres, pueblos indígenas— y darnos cuenta de que todos enfrentamos desafíos similares. Juntar evidencia también es una forma de visibilizar y defender el trabajo de la sociedad civil.” El aporte de CREAS   Desde su experiencia de 25 años acompañando al trabajo social de las iglesias y organizaciones comunitarias en América Latina, CREAS aporta una perspectiva territorial y de fe comprometida con el desarrollo sostenible y la paz social y ambiental. El trabajo cotidiano con organizaciones del Gran Buenos Aires, Córdoba y Rosario del Fondo de Pequeños Proyectos permite conocer de primera mano los desafíos que enfrentan las organizaciones en los barrios. En los últimos años, el deterioro de las condiciones económicas, la pérdida de recursos estatales y el aumento de la demanda social han afectado su sostenibilidad y capacidad de acción. “Muchas organizaciones están sosteniendo con mucho esfuerzo su trabajo comunitario. Vemos cómo las mujeres, cuidadoras y cocineras populares, continúan organizándose a pesar de las dificultades. Participar en el monitoreo del ambiente habilitante es una forma de visibilizar esa realidad y de insistir en la necesidad de políticas públicas que fortalezcan a quienes trabajan todos los días por la justicia social”, agrega Rosaura. “las organizaciones de la sociedad civil cuando se organizan siempre son un motor para la transformación de las sociedades”   Garantizar un ambiente habilitante sólido es una condición esencial para la democracia y la convivencia en paz. Las sociedades democráticas se construyen con participación, con voces diversas, con ciudadanía activa. Cuando las organizaciones de la sociedad civil cuentan con recursos, seguridad y reconocimiento, pueden cumplir plenamente su misión y generar transformaciones duraderas en sus territorios. Cuanto más fortalecidas estén, mayor será su capacidad de acción y sus capacidades de intervención. Esta acción se desarrolla dentro de los marcos regulatorios establecidos y en articulación con las diferentes instancias del Estado y otras instituciones y actores. “las organizaciones de la sociedad civil cuando se organizan siempre son un motor para la transformación de las sociedades” concluyó Rosaura. Nuestro compromiso   Para CREAS, participar en espacios como el del Ambiente Habilitante es una manera de reafirmar su misión de acompañar y fortalecer a las organizaciones de base y el trabajo social de las iglesias para la dignidad de todas las personas y el cuidado de la Casa Común. Fortalecer el ambiente habilitante implica reconocer que la sociedad civil es un actor esencial para la convivencia democrática. Las organizaciones locales, cuando cuentan con condiciones para sostenerse, articularse y proyectar su trabajo, son motores de transformación: promueven la inclusión, la equidad y la participación, y ayudan a construir comunidades más justas, pacíficas y solidarias. En un contexto de incertidumbre, apostar por entornos favorables para la acción colectiva es también apostar por el fortalecimiento de la democracia y por una paz que se construye desde lo comunitario, en el compromiso cotidiano de las organizaciones con sus territorios.

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Re-Usar: organización colectiva y reciclaje para transformar la comunidad

La Cooperativa Re-Usar nació en 2021 en Alta Gracia, Córdoba, en el contexto de la pandemia de COVID-19. Un grupo de jóvenes buscó generar un doble impacto en su comunidad: combatir la falta de trabajo y enfrentar la creciente contaminación ambiental generada por microbasurales en los barrios populares. Desde sus inicios, la cooperativa se propuso responder colectivamente a los desafíos de generar ingresos y mejorar el entorno urbano, al tiempo que fortalecía su organización. Las primeras acciones se enfocaron en la recolección, clasificación, compactación y comercialización de materiales reciclables (cartón, papel, plásticos, vidrio, metales y tetra brik), complementadas con campañas de promoción y concientización ambiental. Desde su nacimiento, Re-Usar contó con la colaboración del municipio de Alta Gracia, que apoyó financieramente a la cooperativa. Gracias a esta labor, la iniciativa ha recuperado 410.520 kilos de material. Este año, con el apoyo del Fondo de Pequeños Proyectos de CREAS, pudieron seguir creciendo: incrementaron el material recuperado, y ampliaron las campañas de concientización sobre la separación de materiales y el manejo de residuos. El Crecimiento de Re-Usar     El apoyo del Fondo de Pequeños Proyectos fue clave para la adquisición de cuatro bicicarros, lo que permitió a la cooperativa ampliar y optimizar los recorridos de recolección. También se renovó la indumentaria y los materiales de difusión, facilitando el reconocimiento del equipo en festivales y actividades comunitarias. Desde la implementación de los bicicarros, se han recuperado 97.000 kilos de papel y cartón, lo que equivale a prevenir la tala de 210 árboles. Una parte de este material se vende a una PYME que lo transforma en cajas para pizza. Además, se han recuperado 400.000 botellas de varios usos y 40.000 de lavandina, que se destinan a empresas y PYMES que las utilizan en la elaboración de nuevos productos para la industria textil. En términos productivos, la cooperativa logró un incremento del 7% en el volumen de materiales recuperados entre enero y julio de 2025, en comparación con el mismo periodo del año anterior. Pese a que la caída en los precios de los reciclables limitó la posibilidad de alcanzar la autonomía económica de todas las personas involucradas, los ingresos lograron mantenerse estables, evitando una pérdida significativa del poder adquisitivo. Por otra parte, la cooperativa sumó a su equipo a una persona especializada en comunicación, cuyo trabajo fortaleció la presencia de Re-Usar en redes sociales y medios locales, potenciando las campañas de sensibilización. Re-Usar y la Comunidad     Distintas instituciones educativas se sumaron al proyecto a través de charlas y visitas a la planta de reciclado, generando espacios de aprendizaje y sensibilización sobre la gestión de residuos. Estas actividades han resultado en una disminución de la contaminación en los puntos verdes de la ciudad y un crecimiento sostenido del compromiso vecinal con la separación de materiales. Martín Perpetua, coordinador de la cooperativa, señala: “Hubo un avance en cuanto a educar a la comunidad respecto a lo que es reciclable y lo que no, y las diferencias que hay en la manera de recuperar y lo que se recupera en las grandes capitales con respecto a ciudades pequeñas como Alta Gracia. También hay más conocimiento del tratamiento de los residuos en general, a pesar de que sigue faltando educación ambiental”. Las charlas de promoción ambiental, el trabajo en equipo y la participación activa consolidaron el sentido de pertenencia entre los integrantes del proyecto. Es relevante destacar que el 80% de quienes lo integran son mujeres, y la gran mayoría son madres. «Vemos que las mujeres ahora tienen más iniciativa, se atreven a incorporarse para dar las charlas y han perdido el miedo a contar lo que hacen. Sienten más propio el proyecto, también, y eso hace que tengan más autonomía”, afirman desde la cooperativa. A lo largo de estos años, Re-Usar se consolidó como un espacio de aprendizaje y organización colectiva, demostrando que la economía circular puede ser una vía para el fortalecimiento de la convivencia comunitaria y el cuidado de la Casa Común.

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Capacitación, trabajo digno y fortalecimiento comunitario

La cooperativa Mujeres Solidarias nació en Rosario, Argentina, en 2002 como respuesta organizada y asociativa de quince mujeres de frente a los efectos socio económicos que la crisis de 2001 había dejado en la comunidad del barrio Larrea. Desde entonces la cooperativa promueve iniciativas que apunten a mejorar la calidad de vida de la población, y que creen vínculos comunitarios de solidaridad y participación social. Este año con el apoyo del Fondo Pequeños Proyectos de CREAS, Mujeres Solidarias llevó adelante un proyecto de formación que buscó dar respuesta a la precarización laboral y la falta de empleo registrado que afecta a un gran número de vecinos y vecinas de la comunidad. La propuesta tuvo como objetivo brindar oportunidades laborales y promover la autonomía económica de las familias, fortaleciendo a su vez la economía social del barrio. De acuerdo con Laura Sisto y Susana Olive, quienes coordinan el espacio, este proyecto nace en un contexto similar al de 2001 “sin embargo esta crisis nos agarra a nosotras organizadas, eso nos facilita los procesos frente a esa época en la que recién nos estábamos formando, ahora contamos con un espacio físico que nos da estabilidad y proyección a largo plazo, además de todo el conocimiento que hemos adquirido en estos años”. La cooperativa ya ofrecía cursos de capacitación en distintos rubros como corte y confección, moldería, cuidado de niños y niñas y gestión administrativa para cooperativas, y con esta iniciativa se proyectaron a ofrecer formación en panificados y pastelería, un taller que la comunidad demandaba desde hace unos años. “Para nosotras era un desafío arrancar con el taller de pastelería, no sabíamos mucho del tema y no contábamos con el espacio adecuado para hacerlo, pero las chicas lo anhelaban. Este proyecto apoyado por CREAS, fue una oportunidad. Algunas mujeres le tienen miedo a la máquina de coser, en cambio amasar es natural” contó Laura. Los talleres   Los talleres, organizados bajo la lógica de “aprender haciendo”, ofrecieron capacitaciones en manipulación de alimentos, normas de higiene y seguridad, manejo de maquinaria industrial, técnicas de producción en alta escala, elaboración de masas, panificación, pastelería, costos y marketing, además de instancias de presentación de productos, construcción de redes asociativas y trabajo en equipo. La planificación se ajustó en función de los productos más demandados por las alumnas y sus posibles clientes, potenciando así las oportunidades de comercialización. “El taller superó nuestras expectativas, la mayor distinción para nosotras es que las personas quieran seguir viniendo y enfrentar nuevos desafíos. Llegaron más personas de las que esperábamos, se fue corriendo la voz en el barrio y pudimos recibirlas y capacitar a todas las que llegaban” Laura Sisto. Además de la capacitación, desde Mujeres Solidarias valoran lo que pasó con las personas que participaron de los talleres “Son personas que vienen de situaciones de marginalidad y maltrato, siempre a la defensiva y muy combativas. A través del saber pudieron modificar su conducta. El afecto del entorno que reciben acá las hace superarse, comprenderse y acompañarse en las dificultades con los vínculos familiares” contó Susana. “Alimentando nuestro futuro y tejiendo redes en comunidad”   Los resultados del proyecto fueron exitosos: 34 personas se formaron y hoy, gracias a los saberes adquiridos, han mejorado su empleabilidad, se crearon emprendimientos familiares autogestivos y que generan ingresos propios. De este proceso surgieron tres emprendimientos de pastelería y panificación que funcionan de manera asociativa, consolidando una alternativa real de trabajo digno en la comunidad. Quienes se capacitaron en este primer taller serán quienes formen a los próximos grupos en panadería y pastelería. Además de los logros individuales y colectivos, el proyecto significó un fortalecimiento institucional para la cooperativa como centro de capacitación barrial. Se incorporaron nuevas herramientas y equipamiento, como una mesa de acero inoxidable y hornos industriales, que permiten mejorar la calidad de la formación y ampliar la capacidad productiva. Contar con un espacio dedicado exclusivamente a la cocina para panificación y personas formadas en el tema, representa un avance clave para sostener y expandir las actividades. Desde CREAS, apoyamos a iniciativas con impacto en la economía de las personas y en las comunidades, la sustentabilidad de las organizaciones territoriales, y como una contribución al desarrollo local y a la convivencia comunitaria. Desde nuestra identidad de organización basada en la fe, contribuimos así a la dignificación de la vida en las comunidades.

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