Tiempo de Adviento

Marcos 13:24-37

Comenzamos lo que la Iglesia cristiana ha dado en llamar “el tiempo de adviento”. El tiempo de la venida de Cristo. Antiguamente lo que la iglesia celebraba no era tanto el nacimiento de Jesús como su anunciada venida final. Es por eso que los textos que corresponden a este domingo, justamente son los que se refieren a la venida final de Cristo, su triunfo definitivo y total.

Lo primero que tenemos que entender es que el pasaje está utilizando un lenguaje muy de la época, por lo que es necesario comprender cuáles eran las expectativas de aquellos tiempos para entender con claridad a qué está apuntando este pasaje.

Tenemos aquí cuatro temas entrelazados con gran colorido catastrófico. 

El primero está referido a Día del Señor. Los judíos pensaban que el tiempo se dividía en dos edades: la presente y la era por venir. La presente mezclaba todo lo bueno y lo malo, y finalmente solo servía para ser destruido.

El segundo tema es el de la destrucción de Jerusalén. Sabemos que en el año 70, después de cruento sitio, con enormes destrozos y degradación Jerusalén es aniquilada. Josfo, el antiguo historiador, habla  de que se estima la increíble cifra de más de un millón de personas y que no llegaron a cien mil los deportados. Todo esto da a entender nuestro texto.

El tercer tema es el de la próxima venida de Cristo. El NT habla en varias partes de esta expectativa. Aquí se ha entremezclada esa expectativa por el Día de Señor con la vuelta de Cristo. Aquí se ve claramente la relectura de antiguas expectativas ahora relacionadas con Jesús.

Hay un cuarto tema que se refiere a la inminente persecución que sufrirán los seguidores de Jesús. Esa insistencia en el texto sobre la necesidad de “velar” está dirigida a entender la realidad que se avecina. 

Estos cuatro temas están rondando nuestro texto. Mezclan hechos concretos como la destrucción de Jerusalén, la persecución a los cristianos, con episodios de la naturaleza de dimensiones globales.

Nosotros sabemos que muchos de estos pasajes han tenido un tratamiento muy diverso en la historia de la iglesia. Hay quienes que están dispuestos a indicar con precisión los versículos que señalan a realidades negativas como indicaciones precisas sobre el fin del mundo. Hay como un enamoramiento de la catástrofe como cumplimiento de la venida del Señor.

Lo que nos interesa ahora es saber si estos pasajes tienen algo para decirnos y qué es lo que tiene para para nosotros.

Hay, al menos tres direcciones en los cuales este pasaje nos habla hoy. 

Lo primero tiene que ver con la manera cómo Jesús se ubica en relación con las señales de la historia. Jesús vive la realidad. Una realidad que va más allá de  las relaciones personas o de nuestra comunidad, que abarca a nuestra sociedad, a nuestro mundo. Un destino en el que todos estamos involucrados, porque este mundo parece ir en una enloquecida pasión por el poder y el dominio. Las grandes potencias siguen acumulando sus aprestos bélicos. Las ovijas nucleares tienen la potencia de llegar a lo que se ha llamado “una prolongada noche global” que convertiría a la tierra (para quienes sobrevivieran) en lugar donde reinaría la rapiña y la muerte para sobrevivir.

No hay necesidad de imaginar lo más terrible, si nos limitamos a mirar nuestras tierras cada vez más devastadas de bosque donde el cruel glifosato está produciendo cáncer en muchas poblaciones, especialmente los niños. La UE lo ha prohibido en todo su territorio. Algunos responsables por Agricultura dicen sin sonrojarse que el glifosato no causa daño. ¿Hasta cuándo se dejará dañar a la población indefensa?

La mirada a la realidad de Jesús es un llamado a acompañarlo para enfrentar como pueblo de Dios las atrocidades que se hacen este mundo.

La segunda dirección en la cual podemos entender este pasaje es la afirmación de Jesús que su palabra permanecerá más allá del cielo y de la tierra. El cielo y la tierra apuntan al poder creador de Dios. Esto es lo que nos hacen surgir fuerzas allí donde no hay fuerzas para empezar un nuevo camino.

Este es el gran mensaje de la esperanza en este tiempo de Adviento. Tiempo para expresar todo lo nuevo que Dios quiere hacer. Nuestro país necesita renovarse en la esperanza de las cosas nuevas y buenas que Dios quiere hacer en un mundo sumido en las sombras de la noche.

Hay que renovar el compromiso por el prójimo, que se extienda como un mensaje de denuncia y anuncio. No cerrar los ojos ante las injusticias que siguen castigando a los pueblos más desamparados. Nuestro Dios es el Señor de nuestra vida y de la vida del mundo. Quien se erigen en dominadores y opresores de los seres humanos tienen que saber que su poder suele desintegrarse como las arenas de la mar.

La tercer dimensión de este pasaje está dado por una palabra que parece dominar todo el relato: Velar.

No hay que dormirse, hay que estar alerta. Hay que estar vigilante.

¿Qué significa esto? Velar es básicamente hacer las obras de Evangelio. Hay que hacer la paz, la justicia, la reconciliación. Porque estamos hablando de un Jesús que traído este mensaje a nuestra tierra, como los tesoros m{as preciados de la nueva vida. Hay que vivir en esta nueva vida, hay que trabajar para que sea esperanza y realidad en esta vida.

Después de todo este pasaje no significa una advertencia para el temor, sino un anuncio para acompañar este ministerio de vida para vivir la alegría, la confianza, la seguridad de la presencia de Dios.

Dios se ha metido en nuestra vida y en nuestra historia, Conoce los problemas y los sinsabores, pero ha reafirmadlo su poder sobre todo poder y nos ha dado el gozoso anuncio de poder velar. Estar junto a El trabajando por un nuevo mundo.

Tiempo de Adviento, tiempo de venida del Señor. Gozo del mundo es el Señor.

Carlos Valle, Pastor, Comunicador Social y ex secretario ejecutivo de la Asociación Mundial para las Comunicaciones Cristianas.