Sepur Zarco, las mujeres en la búsqueda de justicia

Por: Gabriela Miranda García*

“ A mi nadie nunca me ha ayudado a subir a las carretas

 o a saltar charcos de lodo o me ha dado el mejor puesto! 

y ¿acaso no soy una mujer? ¡Mírenme!”

Sojourner Truth, mujer afrodescendiente 

Son contadas las personas en este mundo que saben qué es Sepur Zarco. Fue un destacamento militar en Guatemala, entre Panzós, Alta Vera Paz e Izabal, a principio de los 80´s, durante la guerra interna, entre las fincas de familias terratenientes de la zona, como los Milla, Juan Maegli o Flavio Monzón, exalcalde de Panzós. En el lugar fueron capturados un grupo de campesinos indígenas que estaban legalizando la tenencia de sus tierras, fueron acusados de apoyar a la guerrilla y los desaparecieron. Después las viudas sufrieron esclavitud sexual y doméstica por 6 meses, luego sirvieron por turnos a la tropa durante 6 años más: las violaron sexualmente y las obligaban a cocinarles o lavarles la ropa.

Dentro de todo este horror, una mujer y sus dos hijas pequeñas fueron asesinadas. Ahora estas mujeres buscan justicia en contra de los mandos militares que permitieron estas atrocidades. No hay modo de explicar la sensación de estar en ese juicio, de verlas con las cabezas tapadas, ya envejecidas, dignas, fuertes y seguramente asustadas. Ver a los perpetradores reírse de las declaraciones, escuchar decir a los abogados que eran prostitutas, que iban por su propio pie, que les pagan para estar en ese juicio, es casi insoportable. 

Tampoco se puede expresar lo que provoca escuchar dictar al tribunal una sentencia condenatoria de más de 100 años para los tiranos. 

Estas mujeres, son mujeres empobrecidas, despojadas, colonizadas, razones históricas por las que pudieron vivir esta esclavitud y  por  ello reclamaron  justicia y ganaron el juicio este 26 de febrero. 

Me esperanza que este hecho histórico nos acerque al 8 de marzo, de nuevo. De alguna manera esta fecha, “Día internacional de la mujer” se ha convertido en un nuevo 10 de mayo. En donde se pretende darnos flores, chocolates, almuerzos institucionales sin ninguna reivindicación a nuestros derechos ni el desmantelamiento a la opresión histórica que hemos llevado. El 8 de marzo se ha convertido en otro reparto desigual de privilegios porque, una vez institucionalizado,  no contempla a todas las mujeres porque no se concentra en la denuncia de las desigualdades e injusticias, sino en la esencia de “la mujer”, esencia, por supuesto patriarcal. 

Por ello, muchas instituciones, gobiernos, Estados, organizaciones, empresas y ahora hasta el mercado, subliman este día, lo coptan, lo subvierten  y lo incorporan a su propia lógica.  Así, no todas somos mujeres para celebrarlas este 8 de marzo. Mujeres son las dulces y calladas, las madres abnegadas, las rezadoras, las empleadas complacientes, las jovencitas en edad de merecer. Al parecer en el 8 de marzo patriarcal y ahora, hasta mercantil, no todas somos mujeres a celebrar: ni las lesbianas, ni las prostitutas, ni las indígenas, ni las rebeldes, ni las feministas, ni las inconformes, ni las empobrecidas, ni las solteronas, ni las enfermas, ni las locas, no, todas ellas, todas nosotras, no somos parte de la celebración.

El 8 de marzo, no es un día en que celebramos ser mujeres, sino que denunciamos esta condición arbitraria y obligada, que no es más que el nombre que biologiza la desigualdad. El 8 de marzo celebra que las mujeres lucharon, se organizaron y defendieron sus derechos. No celebra el ser mujer, sino sus acciones emancipadoras. Por ello la celebración del Día internacional de la Mujer es una celebración que nace dentro del movimiento obrero y es resultado de la II Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas. 

Lo que hay que celebrar es la búsqueda de la justicia, las reivindicaciones de derechos, los logros alcanzados, la organización y la construcción de una sociedad justa y un planeta habitable para todos y todas.

Este 8 de marzo, recordemos a aquellas mujeres y también hombres, que dieron su tiempo, su amor, su lucha y hasta su vida para que nosotras tengamos un mundo mejor. Celebremos a las mujeres de Sepur Zarco, porque su lucha es nuestra y su triunfo nuestro ejemplo y memoria.


*Gabriela Miranda García, teóloga feminista latinoamericana. De origen mexicano. Realizó estudios en México y Costa Rica. Es formadora en teoría feminista y su quehacer teórico está enfocado en los aprendizajes que tenemos sobre el amor romántico, la sexualidad y el cuerpo y en sus consecuencias y condicionamientos en la subordinación de las mujeres. 

Es parte del Grupo de Mujeres Ixchel y facilitadora del diplomado de Teoría feminista promovido por este colectivo. Colabora con el Centro Bartolomé de las Casa de El Salvador en el Programa de Masculinidades. Escribe ensayo, poesía y columna de opinión en colaboración con algunos medios de comunicación alternativos como el CMI, Amediacuadra en Colombia y Paquidermo Prensa Rosa en Costa Rica. 

Sobre el autor