Sembrando granos de mostaza en América Latina y Caribe

Territorio Indígena Tacana – Rurrenabaque, Amazonía Boliviana. En la foto: Mara Manzoni Luz, Directora para América Latina y Caribe de Christian Aid

Por Mara Manzoni Luz, Directora para América Latina y Caribe de Christian Aid 

En Christian Aid entendemos la desigualdad no solo en términos económicos, o de renta, nuestra visión es holística y busca entender las ínter conexiones e interrelaciones entre las desigualdades ya sea entre hombres y mujeres o en relación a los grupos indígenas y afro descendientes, respecto a la orientación sexual o a la población migrante y desplazada.

Trabajamos con estrategias que buscan combatir o superar estas desigualdades, para nosotros la justicia social tiene que ver con una sociedad más equitativa, no solo en términos financieros, si no en términos de ejercicio pleno de derechos, en políticas públicas que incluyen  a todas las personas y ayudan a superar la desigualdad, pero no con políticas asistencialistas, no se trata de tener más dinero para comprar un auto o del aumento del consumo, tiene que ver más con el  acceso a los derechos políticos, sociales, culturales y ambientales de las personas.

Nuestro enfoque de equidad está estrechamente relacionado con la resiliencia frente a los cambios climáticos o a los cambios políticos, es un abordaje de resiliencia con una perspectiva amplia, que va desde cómo los campesinos y campesinas centroamericanas pueden adelantarse a la sequía,  hasta cómo acompañar al tema de la migración entre Haití y República Dominicana. Entendemos la resiliencia como una herramienta no solo en momentos de catástrofes – que no son naturales -,sino más bien para crear capacidades que permitan lidiar con los problemas que van surgiendo y promover mejores condiciones de vida.

Desde esta mirada, para Christian Aid hay tres preocupaciones sobre la situación de la región y están relacionadas  primero, con el aumento del conservadurismo religioso, una gran amenaza  para la justicia social, pues  genera división y va en contra de la voz profética en el territorio latinoamericano, donde históricamente las Organizaciones Basadas en la Fe, se esfuerzan por promover ambientes de dialogo e inclusión en la perspectiva de la paz y justicia social.  Toda la cooperación ecuménica, organismos como la Alianza ACT, tenemos el reto de hacer un profundo análisis con las OBF de la región, sobre qué se busca detrás de esta tendencia y cómo buscar herramientas para contrarrestarla.

La segunda preocupación son los megaproyectos (carreteras, minería, presas por ejemplo), que están destruyendo la naturaleza y la vida de las comunidades, vemos mucho irrespeto a los derechos, mucha cooptación, este modelo es un factor de segregación muy fuerte, en donde los beneficios están siendo para las grandes empresas y no para las comunidades afectadas. 

La tercera gran amenaza para la justicia social en la región, es el incremento de la violencia, factores como las deportaciones de Estados Unidos, la agudización de la violencia contra la mujer y la homofobia/lesfobia, son expresiones muy generalizadas que están siendo alimentadas también por el conservadurismo religioso, lo que genera un aumento de esta violencia. El clima violento es muy  serio en la región, es un llamado a revisar las estrategias como Organizaciones Basadas en la Fe para contribuir a la transformación de estos conflictos. Quizás el concepto de tolerancia – intolerancia ya no es suficiente para explicar la profundidad de la violencia, para explicar el por qué de las pandillas juveniles en Centroamérica o el asesinato de jóvenes negros en Brasil.

En este complejo contexto, Christian Aid tiene tres apuestas regionales que buscan contrarrestar estas amenazas en la región, una de ellas es el proyecto Emprendemos Paz, desarrollado con CREAS en Centroamérica, Perú y Colombia. Esta iniciativa es una propuesta para fortalecer liderazgos jóvenes de las iglesias, que busca el empoderamiento económico y la participación ciudadana, con un sentido de paz, equidad y sustentabilidad. Esta propuesta permite el intercambio entre jóvenes de diferentes denominaciones cristianas y es una oportunidad concreta par que haya más relaciones y se compartan experiencias de diferentes países donde la juventud no cuenta con muchas alternativas, algunas veces más que entrar en las pandillas, en este sentido el proyecto acompaña a los jóvenes a poder vislumbrar la posibilidad de un emprendimiento, que se convierte en una salida ante la desigualdad, la pobreza, la falta de educación o la violencia. Emprendemos Paz también nos permite apoyar un intercambio con las contrapartes de Colombia que aportan significativamente al proceso de paz que se adelanta en este país.

Otra de las apuesta regionales, es la vinculación al movimiento De Lado a Lado/Side by Side, que promueve la justicia de género y que busca articular los caminos que desde las organizaciones basadas en la fe existen para una lectura contextualizada de la Biblia, la eliminación de la violencia, el acoso político, y la promoción de la participación de las mujeres en las iglesias. Un ejemplo de este trabajo es el apoyo a la reflexión sobre la participación de las mujeres en los acuerdos de paz en Colombia.

Desde la estrategia regional de Christian Aid, también acompañamos y  respaldamos los esfuerzos por la promoción de la justicia tributaria tanto en los países, como por medio de la Red Latindadd. Christian Aid, cuenta también con estrategias micro regionales  o binacionales que contribuyen a superar las desigualdades existentes, es el caso de la promoción de los diálogos entre Haití y República Dominicana sobre los derechos de los migrantes y apátridas. En la Amazonía, tenemos un trabajo significativo en Brasil y Bolivia para fortalecer la resiliencia de las comunidades indígenas, campesinas y afro brasileñas (Quilombola), en la garantía por el territorio, el manejo de los sistemas agroforestales y el fortalecimiento de las comunidades ante los mega proyectos extractivistas y las represas.

En Centroamérica, se trabaja el enfoque de mercados inclusivos, apoyando a campesinos y campesinas a entrar en cadenas de valor para la comercialización de productos como el cacao, el café, el hibiscus y los camarones, incluso en  los aeropuertos y mercados internacionales. Tenemos una metodología para diagnosticar los estados de los mercados y las posibilidades concretas de comercializar. En Suramérica apoyamos en el pasado los planes de ampliación del cultivo de arroz orgánico del Movimiento Sin Tierra de Brasil. En los gobiernos de Dilma y Lula, hubo programas gubernamentales que promovían que las escuelas compraran el 40%  de su insumos a la agricultura familiar. Esas políticas, hoy en peligro, siguen impulsando en la Amazonía, por ejemplo, el mercado para que las mujeres quilombolas, que producen la harina de yuca, la vendan  para las escuelas de la región, antes ellas vendían su harina a los intermediarios.

Para concluir, creemos que estas iniciativas o proyectos, sean económicos, de incidencia o culturales, son especialmente importantes porque son capaces de poner las experiencias de las comunidades en concreto y representan como el grano de mostaza, un paso para sembrar un futuro, donde todos y todas podamos disfrutar de la vida digna que puede florecer en Latinoamérica y Caribe.

“El reino de los cielos es como un grano de mostaza que un hombre sembró en su campo.  Aunque es la más pequeña de todas las semillas, cuando crece es la más grande de las hortalizas y se convierte en árbol, de modo que vienen las aves y anidan en sus ramas.»

Mateo 13, 31-33.