Retos para contribuir a la justicia social en América Latina y Caribe

Por Danuta Sacher, Directora Continental para América Latina y Caribe de Pan para el Mundo

En la década anterior, en América Latina se lograron avances considerables en el desarrollo de la democracia y se instalaron nuevos sistemas de políticas sociales que ayudaron a millones de personas a salir de la pobreza. Actualmente, estamos siendo testigos de cambios políticos fuertes, vemos una de construcción de los sistemas sociales logrados anteriormente y presenciamos una reducción dolorosa de los espacios de la sociedad civil.

Aparte de la voluntad política para incluir las poblaciones más desfavorecidas, consideramos  clave a la base económica. Casi todos los países latinoamericanos basan su economía en el extractivismo, a muy altos costos de la naturaleza y de los derechos humanos. Ante este panorama,compartimos la preocupación sobre la clara inclinación de las políticas públicas hacía un cortoplacismo que pone el futuro en alto riesgo – de las próximas generaciones, de la economía, de las sociedades como tal.

La desigualdad económica y social en América Latina, alcanzó niveles casi únicos a nivel global, hay predicciones que indican que si no se cambian cosas, el 1% de la población de la región tendría más riqueza que el 99% restante, y nos inquieta que Colombia por ejemplo, ocupe el primer puesto en desigualdad en la región.

Esta situación amenaza con la polarización de la población de manera peligrosa, a esto se suman los fuertes riesgos debido al cambio climático, vemos amenazados los sistemas acuáticos no vemos políticas públicas que respondan a esta amenaza.Vemos la violencia que golpea en primera línea a las personas defensoras de derechos humanos y que defienden a la naturaleza.

El surgimiento de nuevas fuerzas políticas populistas también es a nivel global, esto tiene que ver con las profundas brechas que hay en nuestras sociedades.Es importante evitar la polarización en los grupos sociales a través de discursos políticos y religiosos. Ante estos escenarios, las Organizaciones Basadas en la Fe,  debemos destacarnos por promover al diálogo, ahí realmente creo que hay que desarrollar respuestas y propuestas concretas para que la gente pueda reconstruir una confianza en si misma y su futuro.

Estas tendencias regionales y globales, son para nosotros motivo de una cooperación con las fuerzas sociales que tratan de superar las vías violentas para tratar diferencias de intereses, organizaciones que busquen construir un denominador común basado en el respeto a los derechos humanos y en la protección de la naturaleza.Este espíritu marca nuestras áreas de cooperación en la región, enfocadas en la reducción de la pobreza, el desarrollo de estrategias de protección del medio ambiente y en la superación de la violencia como el factor más estratégico para construir.

Trabajamos por fortalecer las capacidades de las iglesias, creemos importante que las organizaciones ecuménicas den testimonio de su Fe a través de su acción social, esto tiene que ver con la capacitación en estrategias de desarrollo urbano y rural, así como también en el buen manejo de recursos financieros.

Tenemos un conjunto de proyectos que apoya a los pueblos marginados, como es el caso de los pueblos originarios, especialmente en el Gran Chaco Sudamericano, en la Amazonía y en Centroamérica, cuyo objetivo principal es empoderar a las personas para incidir con sus procesos y proyectos ante sus respectivos gobiernos.

Otra línea importante de nuestro trabajo es el fortalecimiento de las mujeres y podemos decir que este enfoque atraviesa toda nuestras acciones, tenemos la convicción de que es la gente misma la que debe organizarse para que las cosas mejoren, somos muy cuidadosos en no sustituir el deber de los gobiernos y más bien apoyar a la gente y capacitarla para que puedan entrar en una negociación con sus gobiernos para que sus necesidades sean resueltas.

Todos estamos a la puerta de nuevos fenómenos en nuestras sociedades y nos falta un análisis compartido y una reflexión conjunta sobre nuevas respuestas que deben ser guiadas por no entrar en polarizaciones excluyentes. Es necesario velar por que no haya discursos y ambientes en situaciones de violencia, nuestra misión debe ser generar espacios no-violentos para mediar y negociar los intereses de los grupos, buscar como re balancear estas situaciones es un desafío urgente.

“Creemos importante que nuestro trabajo compartido se base en el respeto a las personas y a las futuras generaciones, por ello buscamos organizaciones aliadas con capacidad profesional para hacer un buen trabajo diaconal y de desarrollo en sus países. A esto lo llamamos el principio de trabajo con socios, es así como llegamos a trabajar en alianza con CREAS, con quien compartimos valores y objetivos que se reflejan en el trabajo que llevamos en la región.”

Danuta Sacher, geógrafa, trabaja desde 1990 en la cooperación ecuménica para el desarrollo; ha sido parte de iniciativas innovadoras como p.e. la Alianza Ecuménica para la Incidencia Política, y la Red Ecuménica para el Derecho al Agua; ha vivido y trabajado en Centroamérica y México, y actualmente está basada en Berlín, Alemania.

Sobre el autor