Preservar la creación es ayudar a preservar la existencia humana

Por Jairo Suárez*

Preservar la creación es preservar la vida plena de todo lo que existe. En nuestro continente hay señales de destrucción masiva de millones de hectáreas que un día albergaron miles de organismos vivos. Infortunadamente, todavía existen proyectos que en favor del supuesto desarrollo, lo único que generan es muerte y desplazamiento de comunidades ancestrales, y de paso continúan con la destrucción de la biodiversidad de los continentes y los mares. El desarrollo desde la visión capitalista se expande modificando leyes y políticas y así multiplica el número de poblaciones marginadas que pasan a ser receptoras de los escombros de la maquinaria del consumismo.

Por otro lado, surgen, constantemente, iniciativas locales que señalan esperanza ante este panorama desolador que nos muestra la realidad actual. Hay cooperativas y asociaciones de recicladores, personas que comienza a tener conciencia de la urgencia de producir comida orgánica con huertas urbanas y en algunos países, como el caso de Colombia,se prohíbe el uso de bolsas plásticas pequeñas en los grandes supermercados y que poco a poco se va a extender a las tiendas de los barrios. Son pequeñas iniciativas que sumadas comienzan a genera un impacto en los ecosistemas y en la vida de los seres humanos, y de los animales que son directamente afectados por la contaminación en todas sus  expresiones.

En la experiencia de la Iglesia Luterana de Colombia, hemos podido implementar un programa de medio ambiente con proyectos que buscan promover la agricultura familiar rural. Ya hace 15 años que trabajamos con campesinos de diferentes regiones del país promoviendo el rescate de la agricultura orgánica, el cuidado de los nacederos de agua y el rescate de las semillas autóctonas que garantizan la seguridad alimentaria y el buen vivir. El programa incluye capacitación en temas agrícolas, producción de abonos orgánicos, biocontroladores, aprovechamiento de los cultivos para el consumo familiar, promoción de la solidaridad con otros vecinos a quienes les comparten lo producido y finalmente, el remanente que puede ser comercializado.

Es necesario que los participantes de los proyectos involucren a todos los miembros de la familia. Esto garantiza que los niños y niñas vayan enamorándose de la tierra y así aprendan las tradiciones agrícolas de sus padres y abuelos. El sueño es evitar que las generaciones jóvenes migren a las ciudades donde finalmente pierden contacto con el campo y olvidan la tradición agraria. Es promover una generación de campesinos que vean el campo como su oportunidad para el buen vivir y donde prime la solidaridad y la cultura nativa respetuosa de la madre tierra.

Todo esto lo hacemos pensando en la gran tarea que tenemos de preservar la creación de la cual Dios nos ha hecho parte. No podemos desconocer que somos un mismo sistema de relaciones con el planeta y que si afectamos el medio en que vivimos, pues nos afectamos directamente a nosotros mismos. El apóstol Pablo nos recuerda el grito angustioso de la creación (Rom 8:22), el grito de aquellos más desfavorecidos a quienes la iglesia, cualquiera sea su denominación, está llamada a responder y actuar. Nos mueve la nueva esperanza de un mundo con vida abundante a la manera de Jesús, donde haya pan para todos y todas, y donde la dignidad, basada en el amor, nos haga ver al prójimo, incluyendo la madre tierra, como co-iguales y co-creados para la vida.

Disfrutemos del este especial de CREAS  en abril y aprendamos de las experiencias de otros hermanos y hermanas para que todos y todas juntas podamos dar testimonio de la fe que promueve la vida integral como parte de la casa común de la creación a la que llamamos tierra. Bendiciones.

*Jairo Suárez es teólogo luterano y pastor de la Iglesia Evangélica Luterana en Colombia -IELCO. Actualmente director del ministerio de diaconía de la IELCO y referente de CREAS en Colombia. En sus 20 años de pastorado ha dedicado su servicio al acompañamiento de comunidades vulneradas por la violencia y la injusticia social. 
 

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