OBF en la eliminación de las violencias contra las mujeres y niñas

En América Latina, las inequidades entre mujeres y hombres han crecido y se apoyan en discursos muy arraigados en algunos casos también naturalizados. La intricada realidad de factores políticos, económicos y sociales permiten que la violencia contra las mujeres y niñas continúen con altos índices, tanto en ámbitos privados como públicos. Las mujeres siguen experimentando violencia, debido a la dificultad que tienen para acceder a servicios y oportunidades donde sus derechos se garanticen, con el agravante que la situación se profundiza cuando se trata de grupos de mujeres que viven otras formas de exclusión y discriminación como las mujeres afro descendientes, rurales e indígenas (un grupo mayoritario en nuestra región). El respeto por los territorios, sus saberes e identidad, deberían ser considerados por su significado ancestral y tradicional como derechos innegociables, los cuales necesitan ser afirmados, dado su gran valor autóctono y de vocación productiva y ambiental.

Por otro lado están las mujeres de las metrópolis, víctimas de violaciones sexuales, abusos laborales y violencia doméstica que si bien han accedido a la educación y a la vida laboral, el patriarcalismo y machismo les sigue obstaculizando la posibilidad de vivir y desarrollarse libres de violencias. Por esta razón la erradicación de la violencia contra las mujeres es un tema urgente y prioritario en la agenda de trabajo de nuestros países, que pareciera se siguen quedando cortos en cuanto a la atención y prevención de las violencias contra las mujeres. Si bien es cierto, se evidencian avances en toma de consciencia, y puesta en escena de programas específicos, la insuficiencia de atención diferencial y los desafíos que acompañan dichos escenarios están cargados de profundas complejidades que requieren acciones más organizadas que realmente contengan la violencia.

Conmemoraos hoy el 25 de Noviembre, recordando las hermanas Mirabal, mujeres Dominicanas que resistieron la dictadura de Trujillo en 1960 y hoy son inspiración a otras mujeres, movimientos y organizaciones basadas en la fe, que expresan el empoderamiento de mujeres y hacen camino para autoafirmase, redefinirse, y representar a otras mujeres desde el gozo de su autonomía, y garantías de sus derechos. Este camino sin duda, contribuye para la eliminación de las múltiples violencias y los efectos adversos en la salud mental de las mujeres y el tejido social-comunitario. Las Organizaciones Basadas en la Fe (OBF) entonces, tienen un papel determinante para no perpetuar el patriarcalismo cultural e histórico sino más bien desde un evangelio incluyente y liberador ser capaces de trabajar activamente por los derechos de las mujeres y las niñas como victimas a quienes la Sociedad Civil y los Gobiernos les debe mucho.

Las mujeres somos motores clave en el desarrollo de los pueblos y de las comunidades, y las OBF están llamadas a continuar acompañando a las mujeres y a las niñas desde formas distintas como la instalación de capacidades en ellas, y la puesta en marcha de agendas de incidencia social y política para aumentar su participación y la garantía plena de sus derechos humanos. En 1981 se celebró en Bogotá el primer encuentro de Mujeres Latinoamericano y del Caribe. En memoria a las hermanas Mirabal, la delegación dominicana propuso que se designara el 25 de noviembre como el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres. 80 países respaldaron la petición. La moción fue aprobada por la Asamblea de las Naciones Unidas en diciembre de 1999.

Mónica Velásquez Vargas. Psicóloga Colombiana, Magister en Psicología Jurídica , Psicoterapeuta y Miembro Comité de Impulso GemPaz (Grupo Ecuménico de Mujeres Constructoras de Paz), Miembro de la Plataforma Mujeres y Paz en Colombia.

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