Los panes y los peces

Por Pablo R. Andiñach.

En el plan de Dios no hay un pan, hay muchos panes; no hay un pez, hay muchos peces. Y esos panes y peces se reparten. Se reparten a quien los necesita porque es el alimento que reclama  la vida para seguir viviendo.

En el plan de Dios no te preguntan quien sos, cuál es tu barrio o cuáles tus ideas. Tampoco se preguntan si te has equivocado en la vida; si tu historia es brillante u oscura. Tampoco si sos creyente o tenés dudas. Te preguntan si necesitás panes y peces, porque Su mano es generosa.

Sabemos que Jesús nunca escribió nada. Solo una vez, con el dedo y en la arena. Pero dejó una comunidad de mujeres y hombres para que hicieran su voluntad. Y les encomendó que no se guarden sus cosas, sino que extiendan sus brazos a toda persona para compartir aquello que habían recibido. Dicen los evangelios que se reunían para compartir el pan y que en comunidad no habían personas necesitadas. Ese era el signo distintivo de aquellas nacientes comunidades seguidoras de Jesús: compartían lo que tenían y cada cual recibía de acuerdo a lo que necesitaba.

Han pasado dos mil años y todavía hay manos sin pan y sin peces. Quienes estaban allí en aquel tiempo se miraban con escepticismo: ¿dónde conseguir alimento para tanta gente?, porque eran muchos, como hoy. Y la situación era crítica e insostenible: estaban en el desierto y anochecía. “Déjales ir”, le sugieren sus amigos, “que se arreglen solos, que compren su pan en las aldeas”. Jesús les miró y le dijo  “denles ustedes de comer”.

Con asombro, con curiosidad, mujeres, hombres, niñas y niños veían cómo por las manos pasaban los panes y no se agotaban, cómo los peces se multiplicaban y alcanzaban para todos. Porque en las manos de Dios hay alimento para todas las personas.

Este es un tiempo para mirar con asombro cómo la solidaridad nos une y nos hace personas más ricas. Ricas en miradas, en gestos, en conocernos por el nombre. Quizá falten las monedas, pero hay abundancia de vida. Y el Señor vino para eso, para darnos vida en abundancia.

(Mateo 14: 14-25) 

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