La promoción humana desde la fe en los tiempos actuales

En el presente año se recuerdan los cincuenta años de un documento que inspirado en la fe, en este caso, desde la Iglesia Católica, fue dado a conocer en tiempos difíciles, pero también esperanzadores para la humanidad.  Me refiero a la Encíclica sobre el desarrollo integral de los pueblos, “Populorum Progressio”, escrita por Pablo VI y que marcó en sus tiempos el pensamiento y las acciones que intentaron tener una visión global sobre la plenitud humana, “para que los pueblos tengan vida y vida en abundancia” (Jn 10,10).

Una de las afirmaciones importantes del documento en mención es la definición misma del desarrollo, como el paso para cada persona y para todas las personas, de condiciones de vida menos humanas, a condiciones de vida más humanas (Cfr. PP 20). Eran tiempos de tensiones entre la confrontación de dos  modelos de organizar la convivencia humana en el planeta; afirma el documento que “el desarrollo es el  nuevo nombre de la paz”.

Estas reflexiones inspiradoras se encuentran presentes desde los espacios “micro” de promoción y aliento que agentes pastorales de diversas confesiones de fe han ido impulsando, acompañando a la gente, especialmente las personas más empobrecidas y excluidas a lo largo de la historia de la humanidad y de las religiones.  Desde tiempos pretéritos podemos encontrar ejemplos de entrega en esta promoción humana y que se ha ido configurando en la opción preferencial por los pobres y excluidos y excluidas.

En tiempos recientes vemos esta acción comprometida de la fe y acción solidaria por la dignidad humana, por ejemplo desde el surgimiento del movimiento cooperativo en siglo XIX y que ha tenido diversas evoluciones de acuerdo con los contextos  históricos y culturales en los cuales se ha vivido el compromiso con la acción solidaria concreta. Solo por citar un ejemplo y una experiencia vigente hasta los tiempos actuales con sus crisis y renovaciones.  Muchos ejemplos de éxito en diversas latitudes los podemos seguir evidenciando y hoy el mundo de la promoción social civil las considera dentro del concepto de “empresas sociales”.

Dando un “salto” en el tiempo, para períodos más recientes, desde fines del siglo XX y muy especialmente en el siglo XXI asistimos a diversas formas de economía desde los y las pobres, promovidas por las organizaciones de fe denominadas en unos casos como economía popular o bien economía solidaria. Pero también enfoques como la economía de comunión, la economía de la fraternidad expresan reflexiones sobre estas nuevas prácticas en que las mismas personas marginadas buscan abrirse paso en la economía y en la sociedad. Podríamos definir la economía solidaria como las diversas actividades llevadas a cabo por pobladores y pobladoras del campo, la ciudad o la amazonía, sean en la producción distribución o consumo, cuyo motor son los diversos grados de solidaridad puestas en escena  por estas mismas personas.

También en la historia y en las diversas expresiones de la economía popular solidaria, sea en la producción responsable, los servicios de proximidad, las finanzas solidarias (microfinanzas y otras formas), el consumo ético o el comercio justo  se refleja esta acción promocional comprometida inspirada en la fe. Experiencias que van evidenciando también la acción ecuménica, interreligiosa, en alianza con movimientos sociales y organizaciones de la sociedad civil e inspirando, en diversas latitudes, políticas públicas dirigidas a este empoderamiento de los y las pobres,respondiendo a los problemas de la desigualdad y exclusión, con respuestas desde la dignidad humana yla acción desde las comunidades, dando cuenta de formas nuevas de buen vivir, de procesos creativos de desarrollo humano integral solidario.

Escrito por: Humberto Ortiz Roca, Secretario Ejecutivo Comisión Episcopal de Acción Social, CEAS, Perú.