El “Don-Reciprocidad” como motor del desarrollo humano y la inclusión social

Foto: Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo - PNUD Perú.

En el Día Mundial de la Tierra y en medio de una crisis sanitaria mundial por la Pandemia del Covid 19, que nos llama con más urgencia a realizar un cambio hacia una economía para salvaguardar la vida en todas su expresiones, queremos contribuir a la reflexión sobre estrategias conjuntas que nos permitan alcanzar un desarrollo que sea sustentable y sostenible.

Por ello compartimos esta ponencia presentada por la Dra. Cristina Calvo, en los Diálogos de Alto Nivel sobre Ética y Economía, proceso que promovimos con un colectivo de iglesias y organizaciones basadas en la fe, para abordar los problemas que el desarrollo coloca desde una perspectiva de inclusión social, teniendo en cuenta los desafíos que entrañan el avance de la tecnología y la automatización para el mundo del trabajo, las finanzas, las relaciones de género y la sostenibilidad ambiental. Aquí un extracto del artículo, para descargar la versión completa ver aquí.

El “Don-Reciprocidad”, como motor del desarrollo humano y la inclusión social

¿Cuál es la función propia del don? La de ayudar a comprender que, junto a los bienes de justicia, también existen los bienes de gratuidad. Una sociedad que avance a un auténtico desarrollo humano tiene que colocar junto a los bienes de justicia, los bienes de gratuidad.

¿Cuál es la diferencia? Los bienes de justicia son los que nacen de un deber, los bienes de gratuidad son los que nacen del reconocimiento que yo estoy ligado a un “otro” y que, en un cierto sentido, es parte constitutiva de mi. La lógica de la justicia es la equivalencia y la lógica de la gratuidad es la sobreabundancia. Eficiencia y justicia no bastan para asegurar la felicidad de las personas.

Estas ideas que lanza la encíclica (Caritas in Veritate - CV) de Benedicto XVI, abren un panorama también de gran futuro para la reflexión en América Latina. A modo de ejemplo, tomemos solamente la cosmovisión andina entre los pueblos originarios, que tiene que ser revalorizada sobre la base de los principios filosóficos propios de Vincularidad, Complementariedad, Convivencialidad Simbólica y Reciprocidad que conducen al Bien Vivir, en el marco de una concepción andina del tiempo según el cual existen tres pachas que constituyen la totalidad: Hanan Pacha, Kay Pacha y Uku Pacha.

El principio de gratuidad y de reciprocidad en la “Sumak Kawsay” es una expresión en quechua que nos llega desde Ecuador, “Suma Qamaña” en aymara, desde Bolivia, en tanto que desde Paraguay, en guaraní la expresión sería “Teko Porá”. La traducción al castellano es “Buen Vivir” o “Vida Buena”. Se trata de un concepto globalizante y dinámico, que expresa de algún modo el espíritu, la manera de ser de los indígenas. No se trata de “vivir mejor”, concepto individualista, pues si alguien vive mejor ello implica que hay otro que vive peor.

Buen Vivir hace referencia a “vivir en armonía”, en equilibrio, es decir, respetando y asumiendo las diferencias, la diversidad, junto con las complementariedades. El sumak kawsay andino está asociado a la vida en comunidad, no conciben al individuo solo; ser persona es ser con otros, en familia y en comunidad más amplia. No es que no valoren a cada persona, sino que para la sabiduría indígena el mismo concepto de persona incluye la relación, la comunidad.

*Dra. Cristina Calvo es Directora del Programa Internacional sobre Democracia, Sociedad y Nuevas Economías del Rectorado de la Universidad de Buenos Aires. Doctora en Economía del Comportamiento y Sociología Económica. Master en Gobernabilidad y Desarrollo. Fue Directora Nacional de Inclusión Social del Ministerio de Economía de la Argentina y Asesora del Banco de la Nación Argentina en materia de Triple Sostenibilidad económica, social y ambiental. Integra el Consejo de Honor y el Consejo Académico de numerosas organizaciones y programas y hace parte del la Asamblea de Socios de CREAS.