Desafíos de las Organizaciones Basadas en la Fe ante el Cambio Climático

La temperatura del planeta se ha incrementado de manera significativa desde 1880, si continúa el patrón de emisiones de gases de efecto invernadero al ritmo actual, en 2030 el incremento de la temperatura habrá sido de alrededor de 3°C, y de alrededor de 3,5°C hacia fines del siglo.

Este incremento de la temperatura global tiene varias consecuencias negativas, el nivel global del mar se ha incrementado en 17 centímetros en el siglo pasado, el incremento en la última década es casi el doble de la del siglo pasado, los océanos se han recalentado y han sufrido un proceso de acidificación debido al incremento de emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera, se calcula que la acidez de la superficie oceánica se incrementó un 30% desde la Revolución Industrial.

La masa de los casquetes polares se ha reducido desde comienzos de este siglo y también han sufrido las consecuencias del calentamiento los glaciares, con un evidente proceso de retroceso, así como las nieves de las altas cumbres, que comienzan a derretirse y han disminuido en cantidad. Cada vez es mayor la afectación a causa de fenómenos naturales vinculados a factores hidro-meteorológicos relacionados con el cambio climático y que generan desastres, tales como lluvias excesivas, sequías, olas de calor, entre otros, que inciden negativamente en la producción de alimentos.

América Latina es una región en la que el cambio climático preocupa de manera especial. Según la Organización Meteorológica Mundial -OMM, Centro América ha sido fuertemente afectada por el fenómeno “El Niño” por dos años consecutivos (2014-2015), ocasionando la peor sequía en 30 años. Esto ha impactado negativamente en la vida de aproximadamente cuatro millones de personas en la región, quienes actualmente enfrentan una crisis alimentaria como consecuencia de dos años consecutivos de esfuerzos infructuosos en la producción de alimentos a causa de la irregularidad climática, exacerbada como efecto directo del cambio del clima.

Los centros especializados indican que el Fenómeno “El Niño” se ha disipado, sin embargo según los especialistas, se proyecta que la región estará influenciada por “La Niña”, que presenta repercusiones sobre la producción agroalimentaria de Centroamérica, ya que se manifiesta con precipitaciones extremas, inundaciones, deslizamientos, deslaves y afectación de infraestructura para la región de Centroamérica, además se relaciona con temporadas ciclónicas más activas.

Esta situación demanda acciones urgentes de la sociedad en su conjunto incluyendo las iglesias y Organizaciones Basadas en la Fe, cuyo valor agregado es la contribución al análisis de la situación desde la perspectiva de la responsabilidad que los seres humanos tenemos en el cuidado de la creación de Dios, es decir desde la Mayordomía de la Creación, de la cual los seres vivientes somos una parte y no debemos adjudicarnos supremacía sobre la tierra, si no procurar el equilibrio y la armonía para evitar que el planeta colapse.

En contraposición, otras miradas como la “Teología del Castigo” que algunos interpretan de la siguiente manera: La ira de Dios revela que yo me he alejado del amor divino. Quien se aparta de Dios, quien se aparta del buen camino, se acerca a la ira”, no contribuyen al compromiso y acción frente esta realidad.

¿Cuál debe ser el rol de las organizaciones basadas en la fe en este contexto?

Según los textos bíblicos, Dios encomienda a mujeres y hombres por igual que cuiden de la tierra, que sean sus mayordomos (Génesis 1:28), porque la humanidad no es dueña de la tierra, sino que es su guardiana, siendo su cometido velar por la integridad de la creación. El rol de la Alianza ACT y de las organizaciones que hacen parte de esta coalición, es ayudar a que este llamado sea mas fuerte y sea realmente escuchado a través del mensaje ético y la gran experiencia práctica de los miembros de Alianza ACT que trabajan en el ámbito del desarrollo y la asistencia humanitaria con comunidades marginadas.

El cambio climático está afectando mayoritariamente a personas, comunidades y países pobres y vulnerables. Una de las razones es la falta de recursos y de capacidad para adaptarse a las consecuencias del cambio climático que obligan a las personas a abandonar sus medios de vida. La plena participación de los pobres y los vulnerables es fundamental para apoyar sus esfuerzos por dirigir sus propias vidas. También lo es, que se dé prioridad a sus derechos, necesidades, fortalezas y debilidades específicas. 

ACT dada su presencia en la región a través de las organizaciones parte, está en capacidad de facilitar que sean las personas afectadas las que exijan acciones concretas a los tomadores de decisiones en la búsqueda de soluciones, que impidan el avance acelerado del calentamiento global y en contribuyan al financiamiento para la adaptación. El rol de las Organizaciones Basadas en la Fe en este contexto, es el de fortalecer las voces de los grupos afectados a fin de que puedan demandar sus derechos, así como el acompañamiento en la adaptación a esta realidad, teniendo en cuenta las responsabilidades compartidas pero diferenciadas.

Rosa María Matamoros

Ing. Agrónoma, nicaragüense y Oficial de Programas ACT Alianza, Latinoamérica y El Caribe. Con formación y Experiencia en El ámbito de la Respuesta Humanitaria.  Previamente, Directora del Área de Ambiente y Desarrollo de CIEETS, en Nicaragua.