“El anuncio del Reino de Dios rompe las estructuras patriarcales e implica una forma nueva de valorar a la mujer”

Es un gusto grande sumarme a este especial de CREAS, y lo es doblemente si me invitan a decir algunas palabras como Mujer y  como parte del largo camino de discípulas y misioneras que venimos haciendo las mujeres en Argentina y en el Continente.

Ya hace mucho tiempo que las feministas venimos diciendo que NO EXISTE “LA MUJER”, como si pudiésemos ser incluidas todas en una misma categorización. No existe una sola clase de mujer, como no existe “el varón”. Las mujeres no somos un grupo homogéneo, no compartimos ninguna naturaleza o esencia femenina común. Ser mujer significa cosas muy diferentes en América Latina, Europa, África o Asia. También según sea negra o blanca, joven o anciana, con autonomía económica o esclavizada, etc.

 ¿Y como hablar de la mujer, después del 8M, donde confluyo una inmensa multiplicidad de identidades? y es que  las mujeres somos un extenso colectivo de singularidades con un interés en común: defender los derechos de todas, de cada una.

Este año, más que en ocasiones anteriores, la convocatoria mostró  un feminismo popular intergeneracional con una increíble capacidad de resistencia, propuesta y creatividad, que busca expandir la conciencia social sobre la  igualdad entre varones y mujeres. Me parece importante mencionar este acontecimiento porque una de las tareas que  hacemos las mujeres sobre la lectura de la Biblia, es visibilizar y nombrar a las mujeres con sus historias y contextos, y no apenas como meras  narraciones, o descripciones de acontecimientos,  por el contrario queremos  instar a las lectoras y lectores a ocupar la posición subjetiva que ofrece el texto, en este caso el acontecimiento se vuelve texto.

Las narraciones de ayer y de hoy,  desde la clave feminista son una interpelación  a adoptar determinados valores y perspectivas. Los silencios, las contradicciones, los argumentos, las prescripciones, los prejuicios y las proyecciones de los textos, como los discursos sobre género, raza, clase y cultura tienen que ser descifrados para hacer patente la carga patriarcal de la que son portadores.

El posicionamiento actual de muchas mujeres tiene que ver con esta capacidad de haber  podido instalar una hermenéutica propia para interpretar  los textos, y que hoy cuenta con alto reconocimiento por parte de las mujeres y también de algunos varones, provenientes más del ámbito académico que del pastoral.

Y es la hermenéutica feminista la que se anima a preguntarle a los textos por el sufrimiento y las hazañas de las mujeres, por sus historias ocultas y ocultadas, y no lo hace solo para conocer el pasado, sino movida por la voluntad emancipadora del presente.

A cada paso resulta más claro que no hay texto, sino lectores y lectoras, sobre todo lectores, visiones androcéntricas a las cuales recurrir y con las cuales muñirse.  Es claro que la jerarquía de  la Iglesia no puede basarse en Jesús para justificar sus comportamientos patriarcales y recurre a la Torá o a otros pasajes del A.T. Y resulta sumamente alentador saber que Jesús nunca se refiere a la mujer como algo malo, ni en ninguna parábola se la ve con luz negativa, ni se advierte nunca a sus discípulos de la tentación que pueda suponerles una mujer.  Es decir Jesús se diferencia de sus colegas judíos y de la mayoría de los maestros religiosos de antes y de después de él, tanto oriental como occidental.  

El anuncio del Reino de Dios rompe las estructuras patriarcales e implica una forma nueva de valorar a la mujer, que no la restringe a la maternidad y a las tareas del hogar. Le dicen a Jesús: “Tu madre y tus hermanos están fuera y te buscan. El les responde: ¿quién es mi madre y mis hermanos?… Quien cumpla la voluntad de Dios ése es mi hermano y hermana y madre” (Mc 3:31-35; Mt 12:46-50; Lc 8:19-21). Es notable que prevea no sólo la vinculación de los hombres como hermanos, sino las de las mujeres como hermanas. El movimiento de Jesús crea unas vinculaciones alternativas a las vigentes, un discipulado de iguales y singulares en el que las mujeres tienen las mismas posibilidades que los hombres.

De ahí que la hermenéutica y la practica feminista busque desplazar la atención del texto androcéntrico y patriarcal a las mujeres en cuanto sujetos.  En el campo bíblico queremos realizar una lectura junto a varones, no interpretadas por ellos. Y en el ámbito eclesial no queremos ser ni asistentes, ni menores, sino que queremos tener el mismo derecho a la palabra, los ministerios y las decisiones. Después de todo no es una novedad, pues muchos textos revelan el protagonismo y liderazgo que tuvieron las mujeres en el cristianismo primitivo.

Solo cito un caso, y dado que el que lo explicita es Pablo de quién no se podría decir que fuera un gran aliado de las mujeres, sin embargo en Romanos 16:7,  elogia a una mujer, llamada Junia junto a Andrónico, como “muy estimados entre los apóstoles” A pesar de la mala traducción moderna de su nombre como “Junias” masculino “o Junius”, ningún comentarista antes del año 13º preguntaba si este apóstol era una mujer. Por ejemplo, Juan Crisóstomo, cuyas escrituras a menudo expresan la misoginia, escribió de Romanos 16:7 “cómo grande es la devoción de esta mujer que ella debería ser contada como digna de ser denominada apóstol!”[1] Resulta particularmente asombrosa que el mismo pensamiento perdurar por casi un milenio antes de erosionar la intolerancia de ministerios de mujeres en la iglesia medieval. La razón del testimonio es simple: todos los manuscritos antiguos griegos y latinos que elogian a los apóstoles en Romanos 16:7 se leía “Junia” “o Julia”, ambas formas femeninas.

Ahora ya sabemos  que la participación, el protagonismo y el liderazgo de las mujeres en el movimiento de Jesús fueron notables, aunque para detectarlo tengamos que rastrear los indicios vestigios y restos, de un pasado textual que siempre parece estar volviendo…  salvándose de la censura patriarcal de la iglesia posterior  y ulterior.

A las mujeres nos toca la hermosa y delicada tarea de redescubrir la fuente, con los pocos datos y las muchas sospechas e imaginación sobre la vida de tantas mujeres de ayer y todas las ganas de hoy, para tejer, entrecruzar, decir y celebrar que nuevos horizontes y nuevos ministerios están próximos, esperando.

Susana Ramos, CiC

[1] 2. Chrysostom, Homily on Romans 16, in Philip Schaff, ed, A Select Library of the Nicene and Post-Nicene Fathers of the Christian Church, vol. II. Grand Rapids: Wm. B. Eerdmans Pub. Co., 1956, p. 555.

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